Hard Times Come Again No More. P3 - End.

Había despertado en la habitación más acogedora en la que había estado jamás. Era un tanto clásica, si, medieval incluso, pero el olor.. Las sabanas de seda, el fuego a tierra.

Alguien la había vestido y la había bañado, algunas cosas estaban borrosas en su mente, pero recordaba lo suficiente. No se había dado un baño en semanas, y curiosamente eso la preocupaba más que el saber dónde estaba. Había visto a Nik, por lo tanto Nik la había visto a ella, en consecuencia la había olido. Qué vergüenza.

Tras deambular por unos diez minutos por aquellos infinitos pasadizos de lo que le parecía un castillo, topó con alguien que no era ni de fiar, ni de desconfianza. Pero le dijo que la estaban esperando, y si algo destacaba de Rhian Burgnam, era su curiosidad.

La llevaron hasta una enorme sala, divisando en cuanto se abrieron los portones una larga mesa de madera. Una cena, porque era de noche según parecía. Reconoció a Nicole, a Zane, a Kahlan… Y no conocía a la otra mujer.

 -Rhian -Caireen se levantó -Por favor. Únete a nosotras. Debes de estar famélica.

 Al ver a Rhian, Nicole tuvo el claro impulso de levantarse pero no había podido hacerlo por lo que le hizo una señal lamentando el no acercarse. Al igual que Rhian, y seguramente también las demás, estaba hambrienta. También se había duchado y lo había agradecido de buena gana. Su cabello, ahora suelto en una melena rojiza, caía ondulado por su espalda y olía a jazmín. Unos tejanos y un suéter que seguramente era dos tallas más grande que la suya era todo lo que tenía la cazadora. Eso, claro, sin contar con los tonos morados que tenía en una mejilla debido al golpe del ataque de Elanor; así como un corte profundo que había sido esterilizado pero que todavía era visible en la frente.

 - Riri. -susurró a tiempo que sonreía. La había echado tanto de menos… y el tener tres costillas rotas y varios golpes y cortes por todo el cuerpo había valido la pena, porque ahora la volvía a tener a su lado.

 Rhian correspondió a la sonrisa de Nicole arrugando el ceño, y aunque dubitativa se acercó a la mesa, sentándose dónde Caireen le indicaba. Junto a Kahlan. Tensó la mandíbula.

-¿Celebramos algo?

-Tu regreso, por supuesto -Caireen volvió a acomodarse, recogiendo su cáliz con vino -¿Como te encuentras?

Zane miró de reojo a Nik, a Rhian y después se llevó el tenedor a la boca, tras haber pinchado de la carne en su plato.

Nicole notó la mirada de Zane con lo que respondió mirándola e imitando su gesto. Pero luego miró a Caireen. Aquella mujer, su forma de actuar… todo aquello le daba mal rollo a la cazadora. Sin embargo, no había dicho nada porque… ¿de qué serviría? Desde bien pequeña que había desconfiado mucho de los demás, y por eso le había costado -y todavía le costaba- tener un grupo de amigos amplio.

-¿Dónde estoy?

-Escocia -contestó Caireen -Supongo que no te sorprende, eres una bruja, sabes.. Que el espacio no es una limitación para nosotras.

-¿Y dónde estaba? -Rhian pasaba la mirada por la mesa, lo cierto es que si, estaba famélica, pero no quería probar bocado.

-Montana. Pero olvidemos eso, ahora estás lejos de Eleanor. A salvo.

-Deberías comer -sugirió Zane, aunque con cuidado -Te dará fuerzas.

 Nicole buscó con la mirada a Rhian para invitarla a seguir el consejo de Zane. Comer le sentaría igual de bien que el baño y el descanso de los que ya había gozado horas antes.

- Sí, Rhian. -dijo con un tono suave.- Luego ya hablaremos de lo demás.. si quieres.

-¿Por qué no me haces la pregunta? -Rhian ignoró el consejo y miró a Caireen -Adelante.

La sacerdotisa frunció el ceño, y negó encogiéndose de hombros. La bruja sonrió, había tanto desprecio en su mirada. Era igual que Eleanor, era de los de la antigua religión, esa ropa, esas costumbres, maldición, estaba en un jodido castillo en escocia, como si tuviese que ser muy lista para sacar conclusiones.

-Quieres saber dónde tengo el Llyfr.

-Asumo… Que si has estado cautiva durante cuatro meses y sigues con vida es porque supiste ponerlo en lugar seguro y sabías no debías ceder a los interrogatorios.

-¿Sabes qué creo? Creo que ni a ti, ni a Eleanor ni a nadie le importan una mierda esas brujas. Las buscáis, las convencéis de que vuestro bando es el correcto y c’est fini.

 La cazadora sostuvo el tenedor y el cuchillo, uno en cada mano, a escasos milímetros de su plato. Los dejó en el aire mientras tragaba de forma lenta y miraba tanto a Rhian como a Caireen. Lo cierto era que ella misma se había preguntado por qué Caireen no le había preguntado a Rhian antes, pero lo había preferido de esta forma. O, al menos, hasta que Rhian sacó el tema a relucir. Rhian y ella habían vivido muchas cosas juntas en muy pocos meses, y coincidían en la mayoría de opiniones. Y esta no era diferente.

 Por eso, Nicole miró a Zane y a Kahlan dándoles, así, una advertencia. Si Caireen preguntaba a la fuerza, se levantaba o hacía cualquier gesto que la cazadora no viera conveniente, la atacaría sin piedad. Por muy inmortal que fuera.

-¿A ti te parece esto un interrogatorio forzado? -Caireen señaló el banquete -Carne. Pan. Vino. Fruta.. ¿Es la clase de comportamiento que tuvieron en Montana contigo?

-Solo eres un pelo más dulce -ironizó Burgnam -El mal tiene muchas caras. Pero todas las caras tienen el mismo patrón, poder. Y tu no eres diferente -susurró aquello último, bajando la mirada y suspirando profundamente -Quiero irme.

-Puedes irte -aseguró Caireen -No eres una prisionera.

Zane cerró un instante los ojos. Entendía a Rhian, pero no podía seguir ocultando el libro. Nimue estaba directamente protegida por la diosa, era su enlace, la suma y suprema sacerdotisa de la luz, no habría lugar en el que el Llyfr estuviese más seguro que con ella.

-No todos somos como Eleanor, Rhian -aseguró la de ojos azules y grandotes -No queremos el libro. Lo que queremos, es que te liberes de la responsabilidad que conlleva.

-¿Ah si? -Rhian miró a Zane -Porque yo creo que Eleanor seguirá creyendo que yo tengo el libro, y si no lo tengo me matará. Para mi ahora es una cláusula de supervivencia, un plan B, C, D, y puedo seguir con todo el maldito abecedario.

 Al igual que Zane, Nicole también entendía a Rhian pero hiciera lo que hiciera, nada terminaría bien. Podía darle el libro a Caireen, pero Caireen, tal y como ya había dicho Rhian, era como todos los demás. Viejos seres sedientos de poder. O podía dárselo a Zane, pero Zane no quería responsabilidad alguna. Y si lo mantenía para ella misma, Elanor vendría a por Rhian, y si Rhian estaba en la OCEU… Elanor las mataría a ambas, así como a todos los demás.

 Mirase por donde lo mirase, la cazadora no le encontraba un buen final.

 - Da igual quién sepa dónde está el libro o quién lo tenga. Elanor irá a por todas nosotras. Primero caeremos Rhian y yo por razones obvias porque si esa zorra piensa que puede acercarse a alguien que quiero otra vez voy a ir a por ella y no será bonito, y entonces irá a por vosotras pero vosotras no podéis morir con lo que… bueno, es la misma cantinela de siempre. Los mortales perdemos y los inmortales os pasáis unos cuantos cuentos de años peleando entre vosotros.

Zane volvió a cerrar los ojos y dejó la servilleta sobre la mesa, levantándose al retirarse hacia atrás con la silla.

-Disculpadme.

Kahlan, que no había mediado palabra en toda la cena ni había opinado siguió a su madre con la mirada hasta que la vio salir de la sala, al balcón.

-El libro debe estar dónde estaba. Nimue, aunque sea una falta de respeto imperdonable decirlo, cometió un error al dártelo.

-Quería salvar a las brujas que servían a la luz -contratacó la rubia -Porque a Nimue parece importarle, por las razones que sea, que sigan estando de su bando.

 Nicole observó como Zane y Kahlan se levantaban ambas de la mesa, y las siguió con la mirada hasta que las vio salir de la sala. Luego miró al suelo, avergonzada. Era obvio que Zane aborrecía la inmortalidad y su último comentario no había tenido tacto alguno, pero era la verdad. Los inmortales, a pesar de cargar con responsabilidades durante toda una eternidad, no morían y eran lo suficientemente poderosos como para modificar las cosas a su antojo. En cambio, Rhian y ella eran mortales, y los mortales siempre, SIEMPRE… salían perdiendo.

- Dejando de lado a Nimue y a Elanor, nosotras… -dijo señalando a la rubia y a ella misma- nos estábamos encargando de las brujas. Yo no… yo no quiero que tengan que escoger un bando. Yo quiero que esas brujas sean libres y que, si tienen curiosidad y quieren aprender, vengan a nosotras. Forzar a alguien; decirle que no hay tonos grises no hace más que enfadar a la gente, y no sirve de nada. Es algo que he aprendido por experiencia.

-No se trata de bandos -explicó la sacerdotisa -Vuestro Dios creó a los ángeles, nuestras diosas crearon a las brujas. La magia, la sintonía con la naturaleza, las criaturas que habéis visto hoy.. Son obra de una diosa que quizá haya sido olvidada con el avance de vuestra religión, pero sigue siendo importante, y omnipresente. Poderosa. Tan poderosa como para maldecir con la vida eterna a toda.. Una dinastía de brujas, magos y druidas. No os confundáis, vuestra magia no viene del cristianismo ni de vuestro dios, vuestra magia viene de la antigua religión y sin quererlo, el alma toma una decisión. Luz, o oscuridad. Duna o Morrigan. Los actos de una bruja, como decide usar su don, determinan a quién sirven y para qué viven. Pero no es una decisión permanente, y todas las brujas que por sus hazañas han servido a la luz, podrían verse envueltas en las sombras y acabar atadas a la Morrigan.

Kahlan se apoyó en el borde del balcón, junto a su madre. Intentó callarse, pero tuvo que preguntar.

-¿Qué sucede?

-Pensaba en Thunder.

-Estará bien. El marido de Nik..

-No quiero que sea como yo. No quiero que… Viva para siempre.

-Desgraciadamente, eso no es algo que tu puedas cambiar.

Aquello, pensó Nicole, se parecía cada vez más a un partido de tennis. Nicole sabía que todo el discurso que les había dado Caireen hacía pocos segundos era cierto, porque lo era. Por lo que entonces miró a Rhian preguntándose si estaba bien para ella misma el preguntarse si Rhian debía de ser responsable de o bien darle el libro o revelárselo a Caireen, o no. ¿Podría Rhian soportarlo? ¿Qué haría? Lo cierto era que ni ella misma sabía qué era lo correcto. Después del batacazo que se dieron con Elanor, ¿quién les decía que Caireen no lo quería también por razones equivocadas?

-Sé que desconfías de mi. No te culpo, después de lo que has pasado estos meses -Caireen se humedeció los labios -Y no puedo obligarte a darme el libro, de hecho, no lo quiero. Nimue tiene miedo, un miedo que le ha transferido Duna al creer que Morrigan está ganándole la partida. Quiero morir -confesó -Quiero.. Descansar. Y la única forma de hacerlo es comportarnos como jamás hicimos. Respetar… a los humanos, respetar la mortalidad, y usar nuestros dones para protegeros, no para sentenciaros. El libro debe regresar a Nimue, dónde debe estar. Ya encontraremos a las brujas de otra forma.. Pero si cae en manos de Eleanor, creeme cuando te digo que ella no tiene ni un ápice de interés en acabar con nuestra maldición -miró a Nicole -Puedo ofreceros protección hasta Avalon. Pero cuantos más de nosotros nos movamos, más fácil será rastrearnos.

-No hace falta -murmuró Rhian -Conozco a alguien más capacitado para llevar el libro, capaz de pasar desapercibido. Ha estado con él todo este tiempo.

Nicole se encogió de hombros antes el comentario sobre su protección.

- Podemos ocultarnos de ellos. -admitió.-

 -No, no puedes. Eres bruja.

-No.. hace falta -insistió Rhian entre dientes -El libro estará en Avalon pronto. Espero que volvamos pronto a casa, Nik -dijo cuando se levantó.

Al escuchar su nombre y ver cómo su rubia compañera se levantaba, ella hizo lo mismo. Al fin y al cabo, ella quería irse a casa lo antes posible también. Apoyó sus manos en los brazos de la silla para ayudarse. Una vez de pie, se quedó a su lado, aunque mirando a Caireen.

- Gracias por prestarme tu ayuda para encontrar a Rhian. -dijo de forma muy sincera, pues así lo sentía.- Por pelear, por protegerla y por acogernos en tu… morada y vendarnos las heridas. Estamos muy agradecidas.

-Y yo creía que Zane me caía bien -comentó cuando salieron de la sala, avanzando por el pasillo -Cojeas. Tengo que curarte.

 Antes de salir de la sala, Nicole se despidió con un gesto de cabeza. Podía no confiar plenamente en Caireen, pero eso no significaba que debira ser una maleducada.

Ya una vez fuera, caminó al lado de Rhian mientras la escuchaba hablar. Era todo un alivio que lo hiciera, y estaba segura de que no iba a estropearlo para hacerle preguntas de ningún tipo.

- Nah. -dijo negando con la cabeza- Prefiero que esta vez se curen… solas. Que sea un recuerdo que me ayude a no olvidar lo que Elanor nos ha estado haciendo. Sé que parece una estupidez, pero..

-Esta ropa me da alergia. Me pican las tetas. Justo debajo ¿Sabes? -habló casi en un siseo por la rabia, rascándose -Pillo todo eso de que sean de la edad media, pero podrían al menos vestirse a la moda. No les costaría tanto, y darían menos yuyu. No necesitas las heridas para recordar lo que Eleanor hace, ya te lo recordaré yo cuando necesites un chute de adrenalina. Te haces la machota pero por dentro estás “au, ay, au, ouch”.

Ante aquello, Nicole no pudo evitar largas una risilla que terminó por confirmar lo que acababa de decir Rhian: se moría de dolor.

- Sí, bueno, es posible. Pero si las curas, quiero que dejes el corte en la frente. Me hace parecer una tía dura, ¿Verdad?

-Que va, te estropea la cara. Más -añadió, ladeando una sonrisa -¿Vamos a coger un avión o..? Fíjate -se detuvo en el pasillo, admirando un cuadro. Se veía de época -¿Cuánta pasta valdrá esto? No contestes -lo descolgó, pesaba más que un muerto -Nos lo llevamos. Descarta el avión.

Nicole negó con la cabeza y terminó por darle unos toques en la espalda a la rubia.

- Vamos, deja eso. -dijo.- Busquemos primero a Zane y Kahlan para darles las gracias también. Han luchado por ti. -añadió cuidadosamente.- Y luego recogeré mi mochila, que está en la entrada.

Hard Times Come Again No More. P2.

Agachada entre la maleza congelada y todavía bajo la nieve, Nicole se alegró de alegró de haber añadido capas de tejido anticongelante en el traje enterizo que ahora vestía, así como se alegraba de haber traído botas de montaña. Zane y Kahlan no le habían dicho dónde exactamente dónde se encontraba Rhian, con lo que el frío, la nieve e incluso el hielo habían sido sorpresas non-gratas para la cazadora.

Miró hacia su derecha, donde a menos de dos metros se encontraba Kahlan. La estudió durante un par de minutos ya hasta de analizar el castillo que tenían a unos cien metros, así como el bosque que las rodeaba. Kahlan parecía querer ayudar de verdad; de corazón. Y aquél fue un hecho de conmovió y preocupó a la vez a Nicole.

¿Por qué había cambiado tanto Kahlan? ¿Tando efecto había tenido el engaño de Elanor hacia ella? Pero entonces, la cazadora se dijo que sí, porque a ella misma le ocurriría lo mismo.

Luego miró a Zane, quién charlaba con Caireen, aunque en realidad parecía que estaban debatiendo la ejecución de un plan del que nadie había informado ni a Kahlan, ni a ella misma. Y por eso, mientras Caireen y Zane terminaban de charlar, que la cazadora puso ambas rodillas en la nieve y se colocó un gorro de lana bien gorda en la cabeza. No cubría toda su melena pero aquello era lo de menos.

Mientras, pensaba en Caireen. Parecía ser una persona realmente poderosa y tenía muy claro que la gente, así como otros seres mágicos, la respetaban tan sólo con mirarla. Pero aquél efecto, y ya siendo algo normal, no lo había tenido en Nicole quién ya antes de que Elanor las traicionara, dijo que no confiaba en ella. ¿Debía sentirse o pensar igual en lo referente a Caireen, o resultaría Caireen ser alguien que ayudaba sin motivación oculta alguna? Entonces pensó que la tendría, porque siendo honestos, ni la vida de Nicole ni la de Rhian eran importantes para nadie. Eran dos brujas; dos cazadoras más. No eran nadie importante. Pero entonces… ¿por qué estaba Caireen con ellas?

- Rhian es afortunada por tenerte –le dijo Kahlan a Nik, su mirada en cambio estaba incada en lo que se extendía frente a la maleza tras la que se ocultaban. No había movimiento alrededor de la edificación de aquella propiedad, probablemente ni si quiera los inmortales andaban con ganas de soportar el gélido ambiente de afuera. Entonces, la rubia miró a Nicole –Se alegrará de verte.

-¿La sientes? –inquirió Zane a Caireen, una vez llegaron a un acuerdo en cuanto al plan. Caireen tenía razón, si aparecían todos como una manada de perros rabiosos perderían cualquier factor sorpresa, era importante que Eleanor pensase que venían solas, que se regozijase, lo importante no solía ser quién reía primero, sino quién reía último.

-Sí. Puedo distingirla entre todas las demás –Caireen arrugó apenas el ceño –Pero está débil. Y asustada. Sigue viva, eso significa que Eleanor aún no tiene el libro. Es una buena señal.

-Ya. Díselo a ella –murmuró Zane, y ante la mirada confundida de Caireen se movió hacia Nicole y Kahlan, agazapándose junto a la primera –Nos acercaremos ahora. ¿Estás preparada? Quédate siempre detrás de Caireen, ese traje puede ser útil contra las balas, pero no van a dispararte. Son malditos, inmortales, brujos y druidas. No necesitan pistolas.

Nicole no había terminado de sonreírle y agradecerle el gesto a Kahlan cuando tuvo bien cerca a Zane. Entonces escuchó las palabras de la morena de forma atenta, aunque nada de lo que le dijera sería una sorpresa. Asintió, porque no era la primera vez que Nicole participaba en una misión como esta. Había sido soldado y entendía las órdenes y las tácticas, y puesto que Zane parecía tener el cargo de líder, la General de la OCEU decidió que no la desobedecería… todavía.

- Sí, claro. -respondió- Aunque no son balas normales. No te preocupes por mí, sé protegerme.

Sanders frunció los labios. En algún momento se había dicho que no se preocuparía por nadie, se había convencido de que era lo mejor, después de todo solo había hecho que fastidiarla siempre. Pero acababa de descubrir que era una misión perdida de antemano, preocuparse era inevitable. Asintió a Kahlan cuando ésta le devolvió la mirada, su hija le preocupaba menos que ella misma, después de todo era tan inmortal como ella y tenía el plus de conservar su magia, ella en cambio solo contaba con sus puños y piernas. Y no es que se le diese mal, pero se había acomodado tiempo atrás, siempre refugiándose en su magia.

Kahlan y Zane se incorporaron cuando Caireen lo hizo, avanzando campo a través hasta la cerca que separaba el bosque de la propiedad privada. Estaba empezando a nevar.

-   ymosodiadau     –murmuró Caireen.

Pudo oírse un rugido desde el cielo. Y aunque solo se distiguió una enorme ala negra y con contados toques rojizos, no fue difícil imaginar de qué se trataba. El dragón descendió desde lo más alto, por fin mostrándose y no dirigió su vuelo hacia otra parte que la gran mansión. ¿Puertas? No necesitaba puertas, a la velocidad en la que descendía bastó para que se precipitase contra el muro del segundo piso, la dura y fría roca que guardaba las paredes rompiéndose.

Para ese entonces, las cuatro que iban por su cuenta ya corrían campo a través, y el ceño de Kahlan se frunció cuando algo en todo aquél verde que empezaba a helarse y a cubrirse de blanco distinguió unos barrotes. Era una jaula.

Nicole corría junto a las demás como si la vida le fuera en ello porque, en realidad, se le iba. Al igual que Kahlan, la cazadora también vio la jaula pero entonces, vislumbró una melena rubia. Y entonces, lo supo. Lo supo porque desde que conoció a Rhian que ambas habían tenido una conexión especial y podían percibir la presencia de la otra, pero era obvio que después de tanto tiempo aquella conexión ya no fuera tan fuerte.

- Creo que es Rhian. -susurró la cazadora meintras seguía con su carrera. Registró las caras de sorpresa de las otras dos mujeres, mientras que Caireen actuó como si ella la supiese.

Dentro de la mansión, acababa de desencadenarse el caos. Los inmortales que servían a Caireen y su propósito habían aparecido como huéspedes sin invitación, la sangre empezaba a manchar las paredes. La de unos dejaría una muerte, la de los recipientes que ocupaban los demonios a las órdenes de Eleanor y Salomon, y otros volverían a alzarse pues la muerte no les llegaría nunca.

Eleanor seguía en su aposento, junto a la ventana, observando tras la fina cortina como más hombres y mujeres penetraban en su territorio, por ahora siendo aletargados por los suyos, pero no duraría mucho. Caireen había estado ya antes en batalla, no era una sacerdotisa de sentarse y mirar, era una guerrera. Todo parecía estar en su contra, pero Eleanor sonrió.

-Rhian –Zane incó las rodillas en el suelo, envolviendo los helados barrotes con las dos manos –Rhian. Despierta, estamos aquí.

-Awen –Caireen le pidió que se apartase, y cuando nadie estuvo interponiéndose volvió a murmurar unas palabras en gales antiguo, un conjuro que hizo estallar el candado que encerraba a la bruja.

Nicole deseó como nunca ser la primera en llegar hasta su amiga, pero decidió que Zane y Caireen podrían hacer mucho más por Rhian de lo que ella podía en un principio. Por eso les dio la espalda a ambas  y se quedó de pie, quieta, como desafiando al enemigo. PEro entonces alzó un arma muy pequeña y la empuñó a la altura de su pecho. La sujetó de forma firme esperando a que las atacaran y cuando vislumbró dos sombras provinientes por entre la niebla y la nieve, disparó.

Ni siquiera parpadeó, ya que quería ver si las balas en las que habían estado trabajando durante casi tres meses llegaban a alcanzar la misión que tenían. No tardó mucho en ver que los efectos habían sido, exactamente, los esperados. Era posible que aquellos fueran demonios o inmortales, pero aquellas balas tenían efecto en todo el mundo. Estaban rellans de hielo y un hechizo de paralización inscrito en el interior, lo que se traslabdaba en que cualquier persona que fuera alcanzada por dicha bala se quedaría traspuesto; tieso… y congelado. Puede que no los matara, pero aquello les daría cierta ventaja.

Kahlan se acercó a Nicole y con el ceño fruncido estudió la pistola, y el resultado de los dos disparos.

-Creo que voy a pedirte una de esas.

-Te tengo –murmuraba Zane una y otra vez a la rubia que aún no reaccionaba, sacándola de la jaula y abrazándola contra si. Estaba helada, completamente helada. Alzó la mirada y vio que Caireen parecía ver más arriba, así que ella siguió la trayectoría hasta divisar los ojos claros de Eleanor en aquél ventanal. Frunció el ceño. ¿Eso era todo? ¿Iba a dejar que se llevaran a Rhian sin más?

Pero cuando parpadeó, Eleanor se esfumó de su rango visual. Atacada por la repentina ansiedad Zane miró a su alrededor, y alcanzó a dislumbrar una figura tras Nik y Kahlan.

-¡Cuidado!

Eleanor parecía saber cual debía ser su objetivo, lo más sensato, ir a por la mortal. Herir a alguien que podía regenerarse no tenía tanta gracia después de todo. No obstante la advertencia de Zane fue suficiente para que Kahlan se alertase, y dándose la vuelta moviese a Nik justo antes de que la druida enterrase la daga en su espalda.

-Kahlan… –Eleanor sonrió, ladeando la cabeza a un lado –¿Con esa fiereza recibes a tu abuela? Antes estábamos en sintonía.

-Me he pasado de emisora –murmuró la rubia, sus ojos destellando en un dorado fulgente.

Nicole apenas tuvo tiempo de reaccionar, ya que lo primero que vio fue a Kahlan empujándola, y luego toda aquella nieve sobre la que acabaBa de caer. Se dio la vuelta rápidamente, ya acostumbrada a este tipo de ataques sorpresa. Y entonces, escuchó. ¿Elanor era… abuelas de Kahlan? ¿Elanor era la madre de Zane…? Por algún motivo, todas aquellas ideas que ella misma había tenido sobre quién podía ser Elanor para conseguir cambiar tanto a Kahlan, habían sido olvidadas y ahora, todo parecía ser una sorpresa todavía más grande e inusual.

Pero la General no se dio tiempo a más, ya que mientras Kahlan le respondía a Elanor, Nicole se había acercado corriendo, con puñal en mano y le había cortado una mano a Elanor.

Algo que no pasó desapercibido por nadie, aunque se hubiese esperado grito de calvario alguno por parte de Eleanor, ésta solo arrugó el ceño y vio la sangre gotear. Clavó la mirada en quién acababa de enfadarla notablemente y más arrugas poblaron su frente.

-Seriously?

Bastó con que sus ojos centellearan para que Nicole saliese despedida, empotrándose contra uno de los muros de la mansión, y fue un buen golpe, algunas piedras se agrietaron y el polvo se alzó mezclándose con los incesantes copos de nieve que caían desde las nubes grises, ocultando la luna llena.

Zane llamó a Caireen y le pidió que se quedase con Rhian, sacó su daga, la única arma que llevaba consigo y por primera vez en meses, plantó cara a su madre.

-Admítelo. Sin Merlin no eres nadie. Te siguen porque te tienen miedo, aunque me cueste admitirlo, a mi padre le seguían porque tenía una reputación. Tu solo eres la furcia druida a la que se tiró más veces que a otras… Estás perdiendo y ni si quiera hemos atacado con todo.

Eleanor enarcó las cejas.

-¿Perdido? –inquisitiva a qué se refería, Eleanor vio su mano volver a regenerarse, dedo a dedo, aunque aún hubiese sangre que le recordase lo que había pasado –¿Me hablas a mi sobre perder? Awen… Como puedes ser tan patética. ¿A quién pretendes convencer? No tienes tus poderes, has recurrido a una sucia sacerdotisa para que haga el trabajo sucio por ti, y lo peor es que en esa cabecita tuya –se señaló la sien –Prevalece la idea de que si esa bruja llega sana y salvo a casa es gracias a ti. Por favor –rió, y cerró la mano derecha en un puño. Acto seguido, Zane parecía asfixiarse, llevándose la mano al cuello –Esos quinientos sesenta años en la nada te han convertido en un chiste. Solo eres útil porque solo tu sabes dónde está el libro de las sombras.

La misma sensación que dejaba sin aire a Zane la sintió ella, teniendo que actuar del mismo modo, llevándose la mano al cuello como si pudiese sacarse lo que oprimía su tráquea. Kahlan dio un paso con el brazo extendido.

-Entonces preocúpate por mi.

*-Nik.. –ajena a todo lo que sucedía, temblorosa y presa de la hipotermia, Rhian intentó despegar los párpados y reconocer a quién veía, pero no era Nik.

Gran parte del golpe lo había recibido en la cabeza, con lo que la cazadora despertó después de haber estado u par de minutos inconsciente. Hacía tanto que no la lanzaban como si fuera una muñeca de trapo que había olvidado lo que era que te doliera hasta el alma. Se levantó como pudo, quedándose sentada en la fría nieve mientras la misma caída de forma rápida sobre su propio cuerpo. a apenas unos centímetros tenía el puñal con el que le había cortado la mano a Elanor. Pero entonces escuchó la vocecilla de Rhian. Calculó que estaba relativamente lejos de donde estaba ella, pero no conseguía verla.

- ¿Rhian? ¡RHIAN! -gritó desesperada con la esperanza de encontrarla. Pero no lo hizo. Sin embargo, vio cómo una sombra se aproximaba a ella, corriendo. Nicole pensó que sería Kahlan con lo que extendió los brazos dispuesta a detenerla para que supiera que estaba ahí, pero… no era Kahlan.

Una mujer que de apariencia parecía tener dos años más que la cazadora, pero que seguramente tendría cientos más de ellos, la volvió a lanzar contra los cimientos contra los que había sido lanzada con anterioridad. La diferencia fue que esa vez no tuvo tiempo de levantarse, sacuridse o incluso orientarse. La mujer había saltado sobre ella y sujetaba lo que parecía un puñal pequeño, probablemente centenario, y lo acercaba cada vez con más peligrosidad hasta su garganta.

La cazadora hizo fuerza con sus brazos, intentando que la mujer soltara el cuchillo, pero lo único que consiguió fue cogerle con la mani bien abierta la barbilla, y aquella fue su oportunidad. Apretó y apretó, pensando que sería necesario para matar a su atacante. Sin embargo, y segundos después del toque inicial, la piel de la mujer se volvía color gris ceniza y terminaba por deshacerse en cuestión de segundos haciendo que, la bruja, muriera.

*Ahora Nicole sólo veía la ceniza y la piedra que una vez habían formado a una persona. Se sorprendió, ya que su habilidad de matar nunca se había presentado de esa forma. Y se alegró, porque… esa mujer había resultado ser una mortal y no alguien como Elanor, quién le habría podido degollar antes de que ella misma hubiera tenido la oportunidad de defenderse.

Los músculos y articulaciones de Rhian reaccionaron solamente cuando aquella criatura enorme aterrizó tan cerca de ella. Uno de los tres dragones de Caireen se inmiscuyó en la batalla entre Kahlan y la druida que servía a Morrigan, su rugido con aliento infernal alertó lo suficiente a Eleanor para que su ataque hacia Zane cesase.

Ésta no cayó, pero si trastabillo hacia atrás y pasando la mirada por Caireen y su hija, acabó arrodillándose con la primera.

-Hay que sacarla de aquí.

-Podemos derrotarla. Encerrarla –siseó la sacerdotisa –Dejará de ser un problema.

-Tal vez mañana –negó Zane, tragando saliva, y le dolió –Pero no hoy. Ya tenemos a por quién vinimos.

Eleanor retrocedió, su cuello hacia atrás para poder mirar los ojos profundos y peligrosos de aquella criatura ancestral. Pero ella no se quedó atrás, le desafió, el dorado en sus ojos demostró que no se acobardaría, pero si tuvo que desmaterializarse y desvanecerse para evitar que las llamas que escupió el ánimal como si fuese un cañón ardiente la alcanzasen y la friesen.

-Nik –Kahlan recogió a Nicole, apartándole el cuerpo de la bruja de encima y ayudándola a levantarse. Tendría alguna que otra costilla rota, pero se pondría bien. Con los días.

Caireen sentía la mirada de Zane clavada en ella, recordándole la promesa que había hecho, no era momento de derrotar a Eleanor. No estaban preparados, no sabían cuantos más de los suyos llegarían, y esas batallas nunca tendrían sentido alguno, nadie ganaba, nadie perdía, solo era un derrame de sangre a raudales y sin consecuencias.

-Rhian necesita ayuda –añadió para acabar de convencerla. Esa chica moriría si no recibía atención, necesitaba agua caliente, subir la temperatura de sus órganos.

Con bastante dificultad se levantó la cazadora. Miró a Kahlan y luego a su alrededor. No conseguía ver nada, ya que tanto la nieve como una espesa nube de humo negro las engullía. Asintió respecto a lo de Rhian, así que se ayudó de Kahlan para acercarse donde su amiga. Pero antes se agachó para poder buscar su mochila, ya que estaba segura de que había caído cerca. Palpó con las manos congelándolas en apenas unos segundos, pero aquello no le importó.

Una vez que hubo encontrado la mochila, la abrió a toda prisa y alcanzó a sacar un suéter de color beige que ella había echado por si debía cambiarse de ropa. Se lo tendió a Kahñan para que ayudara a su amiga, mientras que ella se llevaba las manos a las costillas. No estaba segura de cuánto daño había sufrido, pero las costillas y la contusión en la cabeza indicaban que el daño había sido bastante, aunque moderado. Por lo menos no había muerto.

-Nos vamos –anunció Caireen, después de mucho debate consigo misma.

-¿Y los demás? –Zane arrugó el ceño –¿No ordenas retirada?

-No voy a negarles estirar un poco las piernas y romper unos cuantos cuellos. Volverán al castillo por si solos –Caireen echó una mirada a Kahlan.

Ésta asintió, y sin permiso tomó del brazo a Nicole. Hora de irse. Caireen desapareció con Rhian, y Zane se puso en pie para acercarse a Kahlan y la cazadora, rozando la mano de su hija, quién en cuanto notó el tacto de su madre hizo lo mismo que la sacerdotisa, desvanecerse.

En el aposento principal de aquél viejo pero conservado castillo, la inmensa sala del trono, Caireen habló en su idioma a uno de sus hombres, alguien se había quedado por supuesto a guardar el fuerte, no podían lanzarse todos a la ofensiva sin cuidar lo que una vez ganaron con sangre y sudor.

Le había pedido una manta, y era lo que el muchacho traía con prisa.

Se la puso por encima a Rhian, además del súeter que ya tenía encima de Nicole, envolviéndola y frotándole los brazos para que entrase en calor.

Kahlan soltó entonces a la cazadora y a su madre, necesitando un momento para respirar. Hacía mucho tiempo que no usaba sus poderes, y para atacar a Eleanor había necesitado usar gran parte de su potencial, por lo que ahora se sentía agotada.

Hacía mucho, demasiado, que no la teletransportaban, con lo que al tocar suelo firme Nicole tuvo que omitir una arcada que de seguro no iba a terminar bien. Todavía con la mano en las costillas, se acercó a Rhian, quién temblaba de forma frenética y le fregó los brazos para que entrara en calor, aunque también terminó por bajarse la cremallera de su traje especial, quedándose en una camiseta de manga larga. Luego abrazó a Rhian, haciendo su pecho contacto con el de la rubia. Si ésta entraba en calor de forma muy rápida y no gradual como intentaba hacer, rhian entraría en shock y todo se complicaría en exceso.

Por eso, la abrazó fuerte y la atrajo contra su cuerpo. Rodeó el pequeño cuerpo de su amiga con un brazo, mientras que con el otro le acariciaba la nuca.

- Estás a salvo, ya está, Rhian. Estás a salvo. -susurró.

-N.Ni.Nik –tartamudeó a causa de los constantes temblores y espasmos la joven Burgnam, siendo capaz de ladear una sonrisa, aunque corresponder el abrazo ya era algo más complicado, no sentía las piernas, no sentía los brazos, no sentía nada, de hecho a pesar de estar helada tenía la sensación de que se quemaba –Sa.. Sabía que.que ven. vendrías.. A por. Por mi.

Caireen se puso en pie y se dirigió a su súbdito.

-Preparad un baño. El agua templada, si está caliente te arrancaré los ojos.

Zane puso los ojos en blanco y miró al pobre muchacho.

-Lo que intenta decir es que si el agua está demasiado caliente la bruja entrará en shock, y que si serías tan amable de templarla.

La sacerdotisa arrugó el ceño. ¿No era eso lo que había dicho?

Nicole dejó ir una risilla. Dejó de acariciarle la nuca para poder mirarla a la cara. La miró directamente a los ojos y le besó en la frente, porque Rhian, aunque necesitara muchas otras cosas más en ese momento, necesitaba sentirse querida y protegida. Y ella era querida por muchos.

- Siempre terminamos salvándote ese trasero huesudo tuyo. Empieza a ser una costumbre. -bromeó-

Zane se acercó a Nicole y Rhian, dejando la mano sobre la espalda de la primera y sonriendo a la segunda, aunque acabó mirando a la cazadora que mimaba a su amiga.

-Deja que se la lleven. Se pondrá bien.

Kahlan había acabado sentándose en el suelo, la espalda contra el fuerte e imponente muro, solo se sentía humana cuando se agotaba, era entonces cuando sentía que necesitaba respirar. Sonrió al ver a la cria de dragón que se acercaba, y le acarició la cabeza. Caireen se plantó cerca, era difícil decir si en su mirada había rechazo o aceptación, pocas veces decían algo esos ojos.

-La redención te sienta bien –aunque extraña, esa era su forma de felicitarla.

Nicole se giró al escuchar a Zane. Dudó, porque no quería dejar a solas a Rhian nunca más, y todavía menos ahora que la habían encontrado. Pero la morena tenía razón, y Rhian necesitaba de otros cuidados de los que no podía hacerse cargo ella. Por eso, se separó lentamente, quejándose, mientras ayudaban a Rhian a levantarse para llevársela, y ese mismo momento lo aprovechó Nicole para mirar tanto a Zane, como a Kahlan, como a Caireen.

- Gracias, chicas. -dijo.- Gracias, de verdad.

Hard Times Come Again No More. P1.

Todo había cambiado. No tenía quejas al respecto, y aunque a razón de cómo había llegado hasta Fort Hood -mágicamente, sin medios humanos- no había podido apreciar bien dichos cambios, si había visto las notícias casi a diario.

Ahora Nicole estaba al mando de la OCEU, la nueva general. No la sorprendía, Josh hacía mucho tiempo que no estaba por la “labor”, no le culpaba, simplemente apoyaba la decisión que había tomado, cuando no estás centrado para cuidar de ti mismo, es imposible que seas capaz de cuidar a miles, o incluso millones.

De alguna forma, aquellos cuatro meses de giros organizativos y el cese de la guerra en si habían ablandado a la gente de aquella pequeña ciudadela que era la base militar, así lo sentía Kahlan, la última vez que estuvo allí tuvo que irse más pronto que temprano para evitar acabar en una celda como muchos otros. Era justo, había cometido muchos errores en el pasado, y ya cuando decidió redimirse sabía que no sería fácil, ni para ella misma, ni ganarse la confianza del resto.

Thunder estaba ocupado con el pequeño Rex de plástico, gruñía fingiendo los rugidos del animal prehistórico mientras Zane se orientaba en el edificio central. Había tenido que preguntar por el despacho de Nicole, y en consecuencia, había tenido que convencer a la seguridad de que conocía a la general, que no era una amenaza y rebuscar en su billetera su pase de residente. Era el antiguo, pero de todas formas sirvió.

-Creo que es hacia la derecha –comentó cuando salieron del ascensor Zane, bajando la mirada para dejar la mano sobre la cabeza de Thunder –Ahora tienes que portarte bien, mamá tiene que hablar de asuntos importantes.

-Si –contestó sencillamente el pequeño.

-Todo saldrá bien –aseguró Kahlan a su madre, una vez frente a la puerta del despacho que tenían como destino.

Zane solamente arrugó el ceño y tocó a la puerta, en un principio quiso esperar respuesta para abrirse camino, pero segundos después decidió que no y abrió, adentrándose.

Nicole yacía sentada con los pies en su mesa y la espalda apoyada en el espaldar de su silla mientras mantenía una conversación con alquien a quién no parecía tenerle amor alguno, ya que si tono era más que brusco. Aún así, y después de dejar ir un gritito debido a que no sólo alguien había abierto la puerta, sino que además lo había hecho Zane y venía acompañada de Kahlan y Thunder, prosiguió la llamada para colgar.

- Mire, Sra. Collins. Lo entiendo y sé que hay un precedente, pero es la única aparición pública que voy a hacer. No doy entrevistas a prensa y no mantengo contacto alguno. Me han invitado a una entrevista en televisión con el Presidente y todavía tengo que aceptar o declinar la oferta, por lo tanto… creo que está usted esforzándose para no conseguir nada al final. Sí… sí. Claro. Si cambio de opinión se lo haré saber, dijo la cazadora mientras ponía los ojos en blanco.

- Claro, un placer. -dijo con la boca pequeña. Luego se despidió de la persona que la hubo llamado y colgó el teléfono, aunque éste volvió a sonar y para cuando Nicole iba a descolgar una vocecilla le anunciaba la llegada de Zane, Thunder y Kahlan. De nuevo, volvió a poner los ojos en blanco, negó con la cabeza y colgó.

Bajó primero los pies de su mesa, ya que no era la imagen que quería dar ante nadie. No quería que creyeran que no hacía nada. Luego se sentó bien en la silla, pero terminó por empujarla hacia atrás, darse impulso y levantarse. Parecía nerviosa, y con razón. Hacían más de cuatro meses que no veía a Zane y el hecho de que ella estuviera ahora allí… ¿podía ser un mal augurio?

Mientras Zane parecía ocupada en fruncir cada vez más el ceño, Thunder se despegó de su hermana mayor para pasearse libremente por el despacho, admirando los cuadros, las estanterías, y acabó frente al escritorio mirando las pequeñas fotos enmarcadas. La mujer que tenía delante, tres niños, un hombre.. Una estampa bastante familiar. Puso el dinosaurio sobre la mesa y siguió a lo suyo.

-Siento interrumpir –Sanders se humedeció los labios –Pero es importante.

-Se alegra de verte –su hija la corrigió entre dientes, dándole un codazo en las costillas a Zane.

-Si –asintió rápidamente la aludida –Me.. Alegro de verte. Ha pasado mucho tiempo.

La General sonrió mientras terminaba de rodear la mesa y se acercaba a ambas.

- Hola Thunder… -susurró. Luego le acarició su corta melena rubia.- ¿Importante? -les preguntó esta vez a las dos mujeres. No sabía muy bien si acercarse y abrazar a Zane, o si darles la mano con lo que decidió hacer lo segundo.- Y… sí, mucho tiempo. Perdonad la llamada. Secretarias y estilistas del Presidente.

Tal y como dijo esass palabras, la mueca de asco y los ojos en blanco fueron elementos añadidos que terminaron por evidenciar el asco que todo aquello le daba.

Kahlan alzó las cejas en ese arqueamiento de sorpresa.

-Se trata de Rhian –Zane fue al grano, cruzando las manos a la altura de su vientre –¿Has sabido de ella?

La rubia puso los ojos en blanco. No iba a seguir intentándolo, desconocía a su propia madre. En fin, no era la misma, saltaba a la vista y si ella no quería esforzarse -aunque quizá si lo hacía- no lo haría ella. Fue tras Thunder, agachándose con él y hablándole en voz baja.

Nicole miró a Kahlan en busca de respuestas a la actitud de Zane, pero al ver la mirada y los gestos de Kahlan que la cazadora intuyó que ni ella misma tenía las respuestas del por qué Zane se comportaba de semejante manera. Miró a la morena no sólo por la sorpresa de tenerla aquí, sino por ecuchar el nombre de Rhian de sus labios. ¿La habían buscado? Claro que la habían buscado pero cada vez que se acercaban a una pista sólida, alguien de su equipo terminaba por salir malherido. No habían dejado de buscarla pero la tarea se había tornado más y más dificultosa con el paso de los días.

- Bueno, hola también a tí, Zane. He estado bien pero podría haber estado peor, ¿sabes? Y no has respondido a nuestras llamadas ni mensajes, y no sé donde has estado, así que…

La General dejó el comentario en el aire mientras se calmaba, ya que ni era justo, ni podía ser bueno que Thunder las escuchara discutir. Lo cierto era que tal vez, muy posiblemente, lo que la alterara fuera el hecho de que Zane mencionara a su amiga. Era un tema realmente frustrante.

 - No, no lo sé. -respondió. Miró a Thunder y a Kahlan, para luego pasar a mirar sus propias botas, y terminar por mirar a Zane. Ese mismo hecho; el hecho de no saber quién o si alguien tenía a Rhian, el por qué o el cuándo… la avergonzaba.

-Deberíamos hablar a solas -concluyó la inmortal, desviando la mirada hacia su hija quién ya se la devolvía.

Kahlan lo entendió, y le sugirió a Thunder ir a dar una vuelta por el edificio, quizá buscar algo para comer. Si algo le gustaba a ese niño era comer, y era razonable, el hambre no solía saciar a los inmortales. Saludó a Nicole con un respetuoso asentimiento y salió del despacho con el niño.

En cuanto estuvieron a solas, Zane se movió por fin, paseándose por la amplia oficina.

-Nimue contactó conmigo no hace mucho. Yo no sabía nada, pero aparentemente Rhian se presentó ante ella solicitando el Llyfr. El Llyfr es el libro de la luz, Nimue es la suma sacerdotisa de Duna, su enlace con la humanidad, en ese libro están todos los nombres y linajes de las brujas que sirven a la diosa de la luz. Por lo poco que sé, Rhian quería el libro para facilitar la tarea de encontrarlas, no todas las brujas de la antigua religión están malditas como yo o Kahlan, algunos linajes se salvaron. Pero Rhian ahora está en manos de Elanor –se giró, mirándola –Por lo que sé, desde hace meses.

¿Que Rhian…? ¿Llyfr? ¿Nimue? ¿DIOSA DE LA LUZ? Demasiadas preguntas pero a la vez demasiadas respuestas para todo aquello que le acababa de soltar Zane. Nicole se llevó una mano a la frente y se la rascó mientras contemplaba el panorama. Así que cuando ella viajó meses atrás a Ginebra sin saber de Rhian, ésta, en realidad, ¿ya había ido en busca de Llyfr? ¿Qué demonios era Llyfr y cómo había contactado Rhian con Nimue? No tardó mucho en caer en la cuenta, porque muy pocos sabían sobre Llyfr, Nimue y todo aquél asunto. La primera persona que le vino a la cabeza fue Althea, por razones obvias, ¿pero por qué habría acudido Althea a Rhian, cuando la primera hubo inculpado a la segunda? ¿Y porqué Rhian habría decidido seguirla?

- Oh. -respondió sin elaborar mucho más la General. ¿Elanor? No iba a decirle nada a Zane pero ella siempre había dicho que desconfiaba de Elanor y por si no habían pocos precedentes, ahora sumaban uno más. Así que eso era, pensó. Por eso cada vez que encontraban un lugar donde se había practicado magia a grande escala, su equipo terminaba siendo atacado.

-Elanor ya no sirve a la luz -informó Zane –Se ha desentendido de su castigo y ahora sirve a la Morrigan, estamos en un momento delicado, aunque haya estado alejada no me he desentendido completamente, Salomon puede haber perdido una batalla pero sigue siendo fuerte, tan fuerte que hasta Dioses le temen. Morrigan no se había doblegado jamás ante nadie, y ahora parece que prefiere seguir al Rey que oponerse a sus planes. Sabe que las seguidoras de Duna son las únicas que pueden enfrentar a las seguidoras de Morrigan, y que sus poderes serían útiles. Por eso Elanor quiere el libro, para encontrarlas antes y convertirlas. O no, al menos eso es lo que haría yo –tragó saliva –He hablado con Caireen. Ha aceptado ayudarme a sacar a Rhian de allí, si sigue con vida es porque no ha hablado, pero es cuestión de tiempo que se cansen de intentar doblegarla y se deshagan de ella.

Nicole asintió.

- Bien, ¿y dónde está? -preguntó mientras decolgaba el teléfono. Era obvio que iba a dar parte de que iba a dejar la base de forma inminente.-

-Al norte. Caireen se reunirá con nosotras en las montañas que separan Montana de Canadá –suspiró –Sé que no tengo ningún derecho a pedírtelo, pero Kahlan no va a querer quedarse atrás y alguien tiene que cuidar de Thunder mientras estamos fuera.

Nicole presionó el botón de cortar la llamada al escuchar el comentario de Kahlan.

- ¿Quieres que me quede cuidando de Thunder? -preguntó con el ceño claramente fruncido.-

Y la inmortal puso los ojos en blanco.

-No. Si estoy aquí es porque sé que Rhian te importa y te gustaría ayudar en su rescate. Te pido que me ayudes a dejar a Thunder con alguien de confianza.

- Oh. -respondió- Bueno, estoy segura de que Richard… podría. Deja que lo llame primero.

La cazadora volvió a coger el teléfono y marcó el de su esposo.

Sanders asintió y se cruzó de brazos paseándose por el despacho para esta vez si echar un vistazo a lo que había en las estanterías. Esperaría.

En cuanto a Richard, en ese momento se encontraba en la central de robótica y desarrollo, en una mesa de trabajo intentando cambiar la pieza de un hardware de seguridad. Cuando oyó su teléfono se sacó las gafas de protección y contestó.

-¿Ya me echas de menos? –sonrió sabiendo que se trataba de Nicole –Si vas a preguntarme otra vez por la entrevista empezaremos a tener problemas –bromeó.

- Je…jejejeje. respondió Nicole ante el primer comentario de su esposo. Aunque luego detuvo la risa nerviosa por una mueca de asco. La palabra “entrevista” podía con ella.- No, no es por la entrevista -dijo a modo de burla- Es sobre… Zane, está aquí. Sabe donde está Rhian y Thunder está también aquí, y debe quedarse con… alguien.

-¿Me llamas para hacer de canguro? –Richard dejó el destornillador sobre la mesa y se revolvió el pelo –Bueno. Es Zane, supongo que se lo debo. Llenaré la nevera antes de volver a casa –sonrió –¿Has dicho Rhian? ¿Está bien? ¿Dónde ha estado? ¿Has hablado con ella?

- Es una historia muy… corta, en realidad. -respondió todavía sonriendo. Sabía que había hecho bien al casarse con ese hombre.- Rhian pidió audiencia con una tal Meneo sobre algo de un libro mágico que quiere encontrar Salomon para matarnos a todas y la ha tenido retenida durante todos estos meses. Por eso no… la encontrábamos, y por eso no nos dejaban encontrarla. -terminó por explicar- Eres un cielo. Te lo compensaré.

-Esa rubia nunca dejará de meterse en problemas. Es peor que tu cuando eras una adolescente –opinó Rick libremente, mientras le indicaba a uno de los jovenes del taller que acabase su trabajo, él tenía que hacer algo menos laborioso ahora, pero no por eso menos complicado. Los niños eran una ciencia aparte –Sé que lo harás –dijo refiriéndose a su compensación por el favor –No se me olvidará, te lo recordaré en cuanto.. Vuelvas. ¿Vas a ir a buscarla sola? ¿Zane irá contigo? ¿Le ha salido pene y por eso no ha aparecido en meses? –hizo una mueca –Eso… no quería preguntarlo en voz alta.

Nicole largó otra risotada, aunque al ver la cara de Zane en cuanto a los comentarios de su marido se aclaró la garganta y asintió.

- Will do. Y… no. Zane y.. Kahlan… -dijo este último nombre de forma cuidadosa- y yo. Creo que podemos manejarnos. ¿Dos inmortales y alguien que puede causar la muerte? Team Badass.

Luego hizo un silencio, tal vez pensando en “el por si acaso”.

- Diles a los niños que vendré pronto, ya sabes que no se han terminado de acostumbrar a todo el asuntos de mis viajes. -informó- Te llamaré al llegar. Te quiero.

-Y yo a ti. Se lo diré –Rick colgó entonces, mirando el teléfono con el ceño ligeramente fruncido. Si, Team badass, pero no iban a enfrentarse a simples humanos precisamente.

-¿Ha aceptado? –preguntó Zane, mirando a Nicole expectativa.

La General colgó el teléfono y miró a Zane cuando ésta le preguntó.

- Es Rick, nunca va a decir que no. -admitió- He’s a keeper.

-Right -murmuró ella. Tragó saliva –Entonces creo que es momento de irse. Acompañaré a Kahlan a dejar a Thunder en tu apartamento y nos veremos en la entrada norte dentro de media hora. ¿Tienes tiempo suficiente para prepararte?

La General asintió. Por suerte había aprendido de situaciones anteriores y ya tenía siempre una mochila repleta de ropa, armas y recambios por si alguna vez los necesitaba. Se acercó a un amario pequeño que había a un lateral de la puerta, lo abrió y le mostró dicha mochila a la morena.

- Yep. Iré a dar órdenes abajo y nos veremos en la entrada.

Media hora más tarde, Nicole se encontraba ya cerca del portón donde había quedado con Zane y, en consecuencia, con Kahlan también. Vestía un traje enterizo negro de un material extraño, de manga larga, una chaqueta de cuero negra y unas botas del mismo color. Pero, además, también colgaba de sus hombros una mochila pequeña que había cargado con armas y respuestos varios por si les era necesario.

Había visto a su esposo para despedirse hacía un rato y, luego de eso, reunió a Richard, Roland y Edge para darles instrucciones de cómo actuar en su ausencia, porque aunque supieran seguir adelante sin ella, las llamadas incesantes de gente del exterior al buscarla se hacían muy pesadas. Y siendo honestos, debían estar preparados para defenderse cuando no tuvieran a una bruja como Nicole que podía causar la muerte mediante el tacto y el pensamiento, a su lado.

Ahora miraba el reloj, arrepentida de no haberse despedido de sus hijos. Quizás saldría sólo unas horas, pero también podían ser días. Quería despedirse, pero al mismo tiempo no lo hacía. Terminó por pensar que era mejor no interrumpirles ahora que habían vuelto a clase. 

Four months later

Tanto había ocurrido en los últimos cuatro meses que nada le parecía real. Sentado frente a ella se encontraba Travis Soffer, el chico que había sido elegido el nuevo secretario de Nicole. Ella no sólo quería que la imagen de la OCEU cambiara en exceso, pero también los problemas que tenía un pequeño sector en cuanto a los trabajos que podían hacer, o no, ambos géneros. Y, por ello, Nicole decidió darle ese puesto a alguien del sexo contrario; para dar ejemplo.

Pero aquél fue, realmente, el menor de sus problemas. Cuatro meses antes, después de reunirse con la ONU y las demás Organizaciones de Cazadores mundiales, que todo había cambiado. Las Organizaciones de Cazadores ahora compartían una alianza común que era prácticamente inquebrantable. Trabajaban juntas para mantener la seguridad y mejorar el bienestar de la humanidad. Ambos eran retos muy difíciles que todas las organizaciones habían acatado sin oponerse, pues el castigo para una organización que se negara a cumplir dichas reglas o leyes sería ser automáticamente expulsada de la Alianza y se le cortarían suministros del tipo B, que generalmente eran suministros de armas y objetos variados de protección, mientras que los suministros básicos se irían retirando de forma gradual hasta que dicha organización fuera capaz de sostenerse por ella misma. Esa había sido una medida que sólo Las Cinco habían aprobado. Estados Unidos, Irlanda, España, Italia y Holanda eran los miembros permanentes que tenían más voz y voto que ningún otro en la Alianza de Cazadores, y fue por ello que dichas reglas se hicieron, automáticamente, irrefutables.

Después de sellar la Alianza, la OCEU y Nicole se habían visto comprometidas con el que había sido elegido nuevo presidente, Robert Graham. Él había sido víctima de lo sobrenatural antes de ser elegido, con lo cual, una gran parte de su campaña se basó en el descubrimiento de lo sobrenatural y la protección tanto de él como la de los demás. Y fue mediante Alan Foster, el nuevo Embajador Estadounidense de la ONU que Robert y Nicole se conocieron. Y fue tras varias reuniones y debates secretos  que la OCEU y el Gobierno central cerraron una alianza de forma igual. La OCEU se comprometía a proteger, así como a enseñar a los civiles cómo exorcizar demonios y como expulsar a cualquier otro ser sobrenatural que los molestara (haciendo punible el hecho de matarlo) a cambio de que el Gobierno lavara su imagen, haciéndolos así “especiales” a los ojos de los civiles -ya que era importante que estos se sintieran cómodos con su presencia-, así como entregarle dos bases (más pequeñas que la OCEU) en otros dos estados para poder, así, hacer que el trabajo de los cazadores de la OCEU fuera más fácil. Y como último añadido, el Gob. también se comprometió con la entrega mensual de armamento y otros materiales que harían posible la mejora de la seguridad nacional.

Mirara por donde lo mirara Nicole, la OCEU había ganado bastante con esa alianza. En un principio no quiso hacerlo, ya que pensó que no haría más que besarle el trasero al nuevo presidente, pero Robert era distinto. Él parecía estar al tanto y de haberse informado de absolutamente de todo, y su deseo por no volver a caer en las redes del Mal era lo que había terminado de convencer a la cazadora.

Volviendo a su despacho, la General charlaba con Travis. Éste le había informado, así como Campbell ya había hecho el día anterior, de que los documentos que ella necesitaba ya habían sido entregados. Además, le informaba de una reunión que tendría con los miembros de Las Cinco en dos semanas, así como de un meeting con el presidente que seguramente terminaría siendo emitido por televisión, algo que no agradaba demasiado a Nicole. Ella había sido feliz con el anonimato y el cambio actual le desagradaba de forma notable. Estaba entusiasmada por la cooperación que tan bien había sido llevada a cabo tanto por el Gob. como por la misma OCEU, pero Robert Graham era un hombre moderno; era un hombre que se tornaba tremendamente fastidioso en cuanto a lo de “lavar la imagen de la OCEU” se refería. Nicole lo había querido, pero habían acordado que Graham la guiaría y ella no rechistaría. Y así se encontraba ahora, haciendo muecas de asco y poniendo los ojos en blanco después de que Travis le enseñara el último fax proveniente de la Casa Blanca.

- Tiene tal fijación con la prensa que creo que es algo que no llegaré a entender nunca, -dijo la cazadora. Apoyó la espalda contra el espaldar de su silla de escritorio y se llevó ambas manos a la cara, lo que claramente mostraba su exasperación. Prosiguió hablando mientras se tapaba su ojo izquierdo y miraba a Travis con el derecho por entre sus dedos índice y anular.- ¿No podemos decirle que tengo la gripe o algo así? Su gabinete me obliga a ponerme vestidos cursis con faldas largas que son incómodos, y maquillaje todavía más cursi, y… las cámaras me distraen. Me distraigo, y mis discursos terminan siendo horribles. Di que declino la oferta.

Travis no hizo más que reír, puesto que aquella queja y esos mismos elementos habían sido objeto de burla, conversación y súplica en más de una, dos e incluso tres y cuatro ocasiones.

- Ya hemos debatido sobre esto unas cuantas veces, Señora. –dijo Travis mientras se aseguraba de que Nicole tenía el fax, un bolígrafo y una libreta bien a mano.-

El amargo suspiro de Nicole fue prolongado por la misma durante casi diez segundos. Nicole terminó por toser, ya que se había quedado con la boca seca y todo aquél dramatismo ya había dejado de ser divertido.

- Está bien, Travis. -concluyó. Y es que, a pesar de querer estar preparada, no lo estaba. Le asqueaba que la OCEU hubiera sido expuesta por unas informaciones salidas de la boca del Presidente, pero aquello ya había quedado en el pasado y ahora debía trabajarlo de la mejor manera posible.

The Circle of The Five.

Sentada en aquél avión de carga con el logo de la ONU, y atrapada por un arnés de un color rojo vivo, la nueva General de la OCEU se preguntaba cómo demonios había llegado hasta ahí y cómo había terminado siendo rodeada por dos hombres vestidos exquisitamente de negro como si ese fuera un requisito indispensable para realizar fuera cual fuere su tarea.

Sentada entre ambos, alzó el cuello y observó a la otra persona que yacía sentada a varios asientos a distancia de ella situada en la fila que tenía en frente, también acompañada por otros dos hombres.


Ella había reconocido a ese hombre canoso, de cierta edad y bien entrado en carnes como Alan Foster, el hombre que había sido durante más de una década el candidato “quiero y no puedo” al puesto de Embajador Americano de la ONU. Nicole había esperado encontrarse cara a cara con Samantha Power, la actual Embajadora Estadounidense, pero en el breve saludo que Foster y ella intercambiaron mientras ambos eran dirigidos hasta los interiores del avión le fue dicho que Samantha Power había sido asesinada en Octubre.

Dos días atrás había recibido un mensaje del Secretario General de la ONU que la invitaba a unirse a una cumbre que con o sin ella tendría lugar en Ginebra, Suiza, el lunes 30 de Diciembre. Nicole meditó de forma larga y tendida el si acudir a dicha cumbre o si no hacerlo, pero terminó por decidir que lo haría. Era la ONU. Podían utilizar sus recursos y ella podría conseguir mejorar el bienestar y la calidad de vida de todos esos que ahora estaban a su cargo.

Su mirada se cruzó con la de Alan Foster, quién miraba a Nicole como si ésta fuera un enemigo más. La cazadora pensó que, en cierto modo, ambos eran enemigos del otro. Y eso mismo era lo que hacía su invitación a la cumbre internacional algo mucho más divertido e interesante. ¿Por qué querría la ONU invitar a todos sus países afiliados… y a las propias ramificaciones de la resistencia?

                                              ***

Jardines de la U.N. Headquarters. Ginebra, Suiza.

Cinco personas rodeaban el pequeño estanque del jardín más grande de la sede internacional de la ONU. En el centro del mismo se posaba religiosamente una dorada escultura con la forma de la Tierra, y sobre ella colgaban las iniciales de la ONU. Nicole pensó que esas siglas tal vez no habían sido necesarias, estando dicha escultura en los jardines de la propia sede, pero decidió no darle mucha más importancia.

Por vez primera desde que hubo salido de Texas, que la cazadora había conseguido despistar a sus dos guardaespaldas; así como también lo habían hecho las otras cuatro personas que ahora la acompañaban.

- Lo que no se puede permitir es que los líderes de las resistencias internacionales tan importantes como lo somos nosotros seamos perseguidos, vigilados, controlados y monitorizados por un grupo de personas que creen ser superiores al resto. ¡Es indignante!

Los gritos de Huxley Talbot habían sido demasiado altos, con lo que el hombre situado a su derecha decidió el empujarlo para que callara. Ese hombre era Alejandro Freire, General de la Organización de Cazadores de España. Alejandro había tomado el cargo de General nueve meses antes; cinco antes de que Talbot tomara las riendas de la OCIR.

- Si seguimos con las indiscreciones seguramente nos fusilarán y todos nuestros planes, así como nuestras bases de la resistencia caerán. Así que, por favor, cierra la maldita boca, Talbot.

Dijo el español. Mientras, Nicole observaba aquella conversación (o monólogo como ella lo había calificado), mientras intentaba mantener el equilibrio en el borde que separaba la hierba del estanque, y guardaba sus manos en los bolsillos de su parca color caqui. No decía nada, pero sí escuchaba y vigilaba.

Miró a Talbot cuando este gruñó algo parecido a un insulto. Por suerte para todos, Freire había decidido ignorarlo por completo.

- Lo que yo creo es que nos han traído aquí porque saben que somos indispensables para tanto su seguridad como para la seguridad mundial. Acabamos de salir de una guerra sobrenatural. Sin nosotros limpiándoles los trapos sucios esta gente no sería nada.

Inquirió Tiziano Tulissi, líder de la resistencia italiana. Tanto su acento en inglés como el de Alejandro le causaban cierta gracia a Nicole, aunque bien se había cuidado de no reír delante de ellos. Lo cierto era que su propio acento hablando español era más que terrible, y ella tendría mucho que perder si la escuchaban. Había dado muchas veces las gracias porque todos los líderes que la habían rodeado en más de una ocasión pudieran hablar inglés.

El último hombre, el único que no había mediado palabra, al fin habló. Miró sobre sus hombros en ambas direcciones, cerciorándose de que no eran vistos ni escuchados, aunque estaba bien seguro de que a ninguno de ellos cinco les importaban dichos hechos.

- Estáis peleándoos entre vosotros para decir lo mismo. ¡¿Es que no veis que no tiene sentido alguno?! Todavía me pregunto por qué diablos ha sido Holanda invitada a este innecesario y cutre paripé.

Exclamó Sylvester Rompaij, líder de la resistencia holandesa. Al contrario que Talbot, que era bajito y pelirrojo, Freire, que era moreno y alto, y Tiziano, que era rubio y de complexión atlética, al igual que los otros dos, Sylvester tenía el pelo gris, recogido en una coleta y ya había entrado en los cincuenta. Era obvio que había decidido no preocuparse más por su físico y tenía una buena panza. A Nicole le dio la impresión de que Sylvester llevaba en la cacería toda su vida y que no le importaba mucho si moría antes de llegar a los sesenta.

Huxley, Alejandro y Tiziano intercambiaron una mirada nerviosa. La voz de Sylvester era grave, ronca y su forma de caminar, así como de actuar, eran bastante bruscas. Al holandés parecieron no importarle demasiado esas miradas, ya que decidió fijarse en la morena que actuaba como si era reunión ya-no-tan-secreta no fuera con ella. Sin embargo, le ofreció su brazo para que ésta bajara, seguramente a sabiendas de que Nicole los habría hecho callar a todos antes de llegar a las teorías conspiratorias de sus compañeros de oficio.

- Estáis tan decididos a seguir argumentando tonterías para que sepamos quién de los tres tiene el pene más grande que os habéis olvidado de la chica.

Vociferó Sylvester. Nicole ya se había cogido a su mano para bajar, con lo que realmente no tuvo tiempo para sorprenderse ni asustarse al escuchar el bufido del holandés. Una vez con los pies nuevamente en el suelo, Nicole le dio las gracias a Sylvester y compartió con él una sonrisilla cómplice. Con seguridad, ninguno de los dos habría acudido a esa reunión para nada secreta de no haber sido arrastrados por el irlandés pelirrojo.

Talbot, quién ya había conocido a la cazadora el pasado verano, la imitó y metió sus manos en los bolsillos de su propia chaqueta. Cuando la rescató la OCIR por allá Junio, Nicole había sembrado, sin querer, la duda hacia el que una vez fue el sustituto de O’Connelly. Muchos de los irlandeses que se encontraban en la OCIR habían jurado alguna vez lealtad por la morena, así que no fue una sorpresa que Talbot, que había sido claro defensor de la misma durante la época del Ser Místico, fuera elegido como nuevo General.

- Ya puedes hablar, muchacha.

Inquirió nuevamente Sylvester. Al igual que él, la cazadora miró a su alrededor para luego terminar mirándoles a los otros cuatro.

- Estáis hablando de por qué estamos aquí, os preguntáis quién o quienes nos han traído, para qué, o cuándo volveremos a casa. Sin embargo, yo me pregunto por qué estamos nosotros aquí solos comportándonos como si esta reunión fuera secreta. Me habéis interrumpido una videoconferencia con mi familia para hacerme bajar aquí, congelarme de frío mientras me cae aguanieve en la cabeza y os escucho llorar. Yo no tenía idea alguna de que la ONU os había invitado por igual, sino yo misma habría contactado con vosotros para reunirnos. ¿Queréis seguir debatiendo sobre los motivos de nuestra asistencia aquí? De acuerdo, seguid. Pero yo voy a seguir preguntándome qué diablos estamos haciendo que no estamos arreglando los problemas pasados que han tenido nuestras organizaciones. Casi todos somos nuevos en el cargo, pero nos conocemos. Hace una década que le juré lealtad a mi predecesor y buen amigo Joshiel Stevens. Y esa lealtad sigue intacta. Después de que la OCIR hiciera sus jugarretas y Alemania dejara tirado a Joshiel, no hemos vuelto a contactar con los demás, y eso es lo más importante, imprescindible y al 100% seguro de algo que debemos hacer.
Yo también quiero saber por qué nos han traído aquí junto con los Embajadores del Consejo de Seguridad de cada uno de nuestros países, pero prefiero que antes unamos nuestras cinco organizaciones. Si no estamos unidos, nos vencerán y terminaremos muertos, y yo prefiero seguir viva.

El silencio invadió aquél círculo de líderes de la resistencia por varios minutos, hasta que Sylvester fue el primero en hablar y gesticular.

- Estoy de acuerdo, muchacha.

Por otro lado, Tiziano y Alejandro mantenían la cabeza baja, seguramente porque sus organizaciones habían reconocido que Joshiel Stevens y su organización estadounidense estaban perdidos y se habían hundido a ellos mismos, pero también a los demás, y habían terminado abandonándoles a su suerte. Talbot, por el contrario y a pesar de ser el que los hubo llamado a todos, dio un paso adelante. Lo próximo que hizo fue estirar una mano y la dejó con la palma abierta justo en el medio del círculo que formaban.

- Quiero que la OCIR forme parte de esta alianza. Con o sin detalles, lo quiero.

Tiziano y Alejandro, que por fin dejaron de mirarse, también dieron un paso al frente. Alejandro posó su mano sobre la de Huxley y repitió las mismas palabras que el irlandés, aunque lo hizo mencionando su propia organización. Tulissi tardó un poco más, pero terminó por hacerlo también.

Luego vino el turno de Sylvester, quién posó la mano sobre las de los demás e hizo un juramento algo distinto.

- Yo y mi organización nos unimos a esta alianza de niños de patio de colegio si nos prometemos que no vamos a grabarnos ni a traicionarnos, ni blah, blah, blah. Me parece un juramento justo.

Añadió y terminó por concluir el holandés. Luego todos miraron a la cazadora, quién observaba aquellas manos pero no decía nada. Todos habían jurado algo que no había sido pedido con demasiada prisa; casi como si estuvieran deseando formar alianza con otras organizaciones internacionales. Pero eso no le fue ninguna sorpresa para la cazadora, ya que ella misma había estado pensando en la forma de reconectar y contactar con sus antiguos aliados para así poder protegerse mutuamente.

La cazadora terminó por tender su mano sobre la arrugada y peluda mano de Sylvester. Luego los miró a todos mientras hacía su propio juramento. Quería asegurarse de que con la mirada y su voz conseguía que la respetaran y la temieran, aunque no demasiado.

- Quiero que mi organización mantenga la alianza y sea capaz de proteger y velar por la seguridad de sus hermanas. No quiero peleas, no quiero traiciones, no quiero sabotajes. Quiero a Alemania fuera y cuando sea el momento propicio, compartiré mis planes para con dicha organización y su posible, o no, futuro inmediato. Quiero que ningún cazador o soldado ataque a otros diferentes a él. Tengo brujas y super humanos en mi organización que un día podrían cubrir las espaldas de los demás. Quiero comunicación, y quiero verdad.

Uno a uno, los hombres fueron asintiendo. Tulissi mantuvo la cabeza más baja que los demás, y así fue como Nicole supo que a él lo había intimidado un poco más que al resto. Ella posó su mirada en las de sus ahora colegas, y asintió con la cabeza, satisfecha.

- No sé qué ocurrirá mañana en la reunión del Consejo de Seguridad, pero hemos de estar unidos. La política es para los políticos. Asegurémonos que nosotros luchamos por nuestros derechos y por los derechos de todos aquellos que están bajo nuestro cargo y protección, sean del rango que sean, así como por su seguridad y bienestar.

El Círculo de las Cinco, como así hubo Nicole llamado a esa unión, se miró, y asintieron todos a la vez. ¿Podría ser esa una nueva era para las relaciones internacionales de distintas organizaciones de cazadores? Nicole había decidido que así era. Y por eso sonrió orgullosa.

Ahora ya no estaban tan solos.

Sins of The Fathers. P3, Final.

Termino de secarme las manos con una toalla que he traje hace dos días, y luego miro detrás de mí donde se encuentra el cadáver de mi padre.  Liol no volverá a la vida esta vez, o nunca en realidad. Le he disparado cinco flechas modificadas con hechizos y dibujos varios que puedan impedir su resurrección. Lo miro durante un par de minutos. Noto cómo me cuesta tragar; como en realidad tengo la boca seca y mi pulso se acelera. Me duelen los ojos por todo lo que he llorado esta madrugada delante de él. Me duelen incluso más cuando un tímido rayo de sol consigue meterse dentro de la cabaña gracias a una pequeña esquina de la ventana de en frente de mí que no he tapado. Entonces miro el reloj y veo que son las seis de la mañana. Resulta que Liol y yo hemos tenido  nuestra única conversación real de nuestras vidas.

Cuatro horas antes.

- Así que tú estabas detrás de todo el plan fallido de los clones.

- Sí.

- Pues resultó ser un plan un tanto chapuza, pero no me quejo de cómo terminó.

- El plan inicial era coger a tu marido, conseguirle un clon, que éste conviviera contigo y te matara lo antes posible. Pero luego pensé en lo mucho que disfrutaría si te lo hiciese a ti, así que lo hice.

- Buen intento, aunque terminaste con todos los clones muertos. Oops.

- Sí, sí. No lo esperaba en absoluto, así que felicidades. Supongo.

- Sí, bien. Tema zanjado. Hablemos ahora de los por qués.

- ¿De los por qués?

- De los “por qué querías hacerlo”, de los “por qué no nos puedes dejar”. De todos esos por qués.

- Porque disfruto haciéndolo.

- Bueno, supongo que lo mismo que estoy disfrutando yo esta sesión de tortura.

- Más o menos.

- Por qué mataste a mamá.

- Era un estorbo.

- ¿Para qué?

- Lloraba y trataba de protegerte a sabiendas de todo lo que hacía yo y dónde debías terminar. Tenías un legado que llevar a cabo y ella consiguió que no lo hicieras.

- Kuddos to her.

- ¿Cómo está?

- No creo que te interese.

- Me interesa.

- Está feliz, casada, ha tenido otro hijo, y tiene un cutis maravilloso.

- Parece ser feliz.

- Lo está. Pero dejemos de hablar de ella.

- Sí, hablemos de por qué tienes las habilidades de la psicometría y la resurrección.

- Supongo que tengo suerte.

- Eso parece, pero no. Escuché que una tal Elanor, mentora de Sanders, os había engañado.

- Y lo hizo. Pero no fue importante.

- Lo es. Si bien tengo entendido, todo lo que quería Elanor era que buscarais otras brujas… y que descubrierais vuestro pasado.

- Hemos… vivido nuestro pasado, así que…

- No el vuestro sino el de vuestros antepasados.

- De acuerdo. Antes tenías mi curiosidad, pero ahora tienes mi atención. Prosigue.

- Elanor no sólo te quería para buscar otras brujas, porque eso es algo que cualquier persona podría hacer. Escuché rumores… sobre Elanor diciéndote que volvías a ser bruja. No hay que ser muy inteligente como para saber que tu eres bruja porque la familia de tu madre lo ha sido siempre. Lo que no entendí de Elanor fue… Si quieres mangonear a varias personas para que hagan algo que tu quieres y de algo del que sólo tu sabes el final y éste iría en tu contra, ¿por qué confiarlo en el enemigo? Pero entonces pensé que Elanor podría no ser más que una villana de poca monta. Es decir, que quisiera que vosotras cinco –perdón, cuatro, descubrierais que habéis estado unidas desde hace más que unos pocos años –o semanas.

- ¿Qué cuatro?

- Eso no puedo decírtelo, cariño. “Papá” ha hablado ya demasiado.

- Si no fuera porque me estás sirviendo de algo, te habría cortado la lengua, así que en eso estamos de acuerdo.

- Tu humor es algo que no entenderé jamás. Aunque bueno, yo tengo una vis cómica bastante única.

- Claro, porque es inexistente.

- ¿Ves lo que digo? Pero en fin. A lo que íbamos. Sé que no te gusta que me ande por las ramas…

- Me gustaría que lo hicieras y te cayeras de una rama en sí y te partieras el cuello, pero yo no puedo hacer mucho más que eso.

- Y luego pensé… que Elanor había olvidado una parte también importante. Tus hijos. Puede que tú ya no seas el Ser Místico, lo que me parte el corazón, pero ellos han heredado, sin duda alguna, ciertas habilidades que tuviste tu. Lo que significa que cuando tus hijos crezcan, podrían ser una seria amenaza para todos los que estén en vuestra contra. Y no son pocos.

- No vuelvas a mencionarlos.

- ¿Por qué? Son mis nietos.

- No te importaron demasiado cuando los secuestraste por segunda vez y forzaste a mis hijos a matar a otras personas.

- Eso fue un malentendido.

- Un malentendido que pienso acabar yo hoy.

- Y lo harás.

- Bien, pues prosigamos.

- Supongo que lo que quiero decir es: puede que todos se hayan olvidado de ti porque ahora das más risa que miedo, pero hay muchos que no han olvidado la figura del Ser Místico. Saben que es una figura que aparece cada dos siglos, pero si el último ha tenido tres hijos… las probabilidades de que un Ser Místico aparezca mucho antes son infinitas. Hay toda una religión alrededor del Ser Místico que tu nunca supiste ver y que, si miras por el bienestar futuro de tus hijos, no querrás que ellos vean tampoco. Luego está el hecho de que Elanor y todos sus… “amiguitos” conozcan tu don, porque si puedes revivir a un humano… ¿qué nos hace pensar que no puede funcionar con otros seres? Y por último, igual de claro, está el hecho de que, en realidad, no sabes mucho de dónde vienes. Creo que estás cerca porque encontraste el diario de Wilmot Redd y es importante, así que confío en que en unos meses sabrás la verdad. “¿Es mala?”, te preguntarás. Pero no, no lo es. No te conozco como para saber si te gustará pero creo que eres curiosa y que, por lo tanto, disfrutarás investigando esto.

- Ahora veo la vis cómica de la que hablabas antes. Hablando como un padre ahora y demás. Me causa gracia.

- Que nos odiemos mutuamente no dejará nunca de decir que yo soy tu padre y tu eres mi hija. Obviamente, si me hubieras escuchado ahora estarías en otro lugar, siendo poderosa, dominando el mundo y todo eso. El sueño americano.

- Más como tu sueño.

- Pues sí, la verdad. Pero mi punto es: me impresionó que eligieras a los humanos cuando todos te habían tratado mal.

- Es lo mismo que ahora que confío en amigos que no son del todo humanos.

- Me impresionó que te casaras y tuvieras una familia.

- Shit happens.

- Por un tiempo pensé que estabas hasta demasiado ida como para poder liderar a todo el Infierno, pero entonces te casaste. Dos veces, claro.

- Fun times.

- Por supuesto. Y entonces, te enfrentaste a Pilares y Guardianes sin tener poder alguno.

- Soy una fuera de serie.

- En eso estamos de acuerdo.

- Bien.

- Así acaba esto, ¿eh? ¿Tu haciendo como que estás orgulloso de mí, yo intentando hacerte creer que no me importa?

- ¿No es lo que querías?

- No. Quería que sufrieras, que lloraras, que me suplicaras por tu miserable vida. Quería que me pidieras disculpas por todas las cosas que me has hecho.

- Que sea lo que soy no quiere decir que no te quiera.

- Ahórrate las mentiras, papá.

- Bueno, eso ha sido interesante.

- Mi cerebro se ha tirado un pedo. Ignóralo.

- Yo os quise. A tu madre, a Claire y a ti. Pero siempre he tenido un propósito que debía llevarse a cabo.

- Claro, porque eso era lo importante. Felicidades, Liol. Buenas y acertadas prioridades.

- Mi misión ha estado escrita desde el día de mi creación. No podía permitir que dos humanas y un Ser Místico me hicieran cambiar de opinión.

- Es lo que yo hice.

- Sí, y mira qué bien te ha ido.

- Tengo una familia, tengo amigos, tengo un buen equipo. No puedo quejarme.

- Pero no tienes un padre.

- Nunca lo he tenido.

- Auch.

- Pusiste el esperma y la maldad, pero ahí acabó todo.

- Tu sólo querías que te quisiera. ¿Por qué?

- ¿Por qué? ¿De verdad me preguntas eso? Porque es necesario. Porque lo necesitaba y lo he necesitado hasta hace bien poco. La fastidiaste pero no me he permitido cometer los mismos errores. Encontré a Richard cuando era una adolescente. Él me da estabilidad y antepone a su familia por delante de todo. Eso es un hombre, eso es un padre.

- Muy bonito.

- ¿¡Es que no lo comprendes?! ¡¿Sabes lo difícil que ha sido crecer para mí?! Mi padre y mi gemela siendo asesinos, mi madre siendo asesinada por ambos, yo quedándome huérfana y rodando de casa en casa de los amigos de mamá… viendo cómo los mataban a todos porque me querían a mí. ¡¿Sabes lo que es eso?! Crecí… sola, sintiendo que no era suficiente para nadie. Jamás me permití el lujo de querer a nadie porque todos terminaban muertos, ¿y sabes qué? Me… me centré tanto en hacerme la fuerte, la independiente, una asesina… pero tanto, que comencé a pensar que nadie me quería y que nadie debería quererme nunca. Y todavía hoy, cuando miro a Richard, a mis hijos… TUS NIETOS, a mis amigos. Todavía hoy me pregunto cómo y por qué me quieren tanto que darían su vida por mí. Todavía me pregunto si soy suficiente, si soy buena para alguien, si soy buena en algo. Y siempre termino apuntándome a misiones kamikaze porque tengo miedo de decepcionar a los que me rodean. Tengo miedo de que me abandonen. Tengo miedo a no saber si lo que siento por los demás es amor o no lo es. Me… me corrompiste. Corrompiste todo lo puro que había en mí.

En ese momento, él me mira y parece estar roto. No comprendo por qué, pero entonces se me cruza por la mente que, tal vez, él parezca estar roto porque yo estoy rompiéndome delante de sus ojos. Me dejo caer de rodillas al suelo quedando delante de él. No quiero llorar, pero lo hago al mirarle a los ojos. De repente, ya no me parece tan malo. Lo es, porque lo sé y porque lo siento, pero al final de día, Liol McAllister es mi padre. Entrelazo mis manos haciendo con ambas un puño enorme. Las pego a mi pecho y comienzo a llorar, y es entonces cuando sé que me he roto completamente. ¿Por qué y cómo hemos llegado a esto? Sé cómo hemos llegado hasta aquí, porque él ha sido siempre un ser horrible que merece la muerte, ¿pero cómo puedo estar yo llorándole a él?

Él tuerce el gesto y noto cómo le tiemblan los labios. Se me forma un nudo en la garganta y decido que ya no quiero retener más los gimoteos y los lagrimones. Y entonces le grito y le golpeo, porque es lo que siento.

Pero entonces me mira y señala la ballesta. Yo me seco las lágrimas con mi dedo pulgar, me levanto, la cojo y se la muestro. Él estira su cuello en mi dirección hasta que con un gesto, implica que la ballesta está en la dirección justa del dentro de su frente. Yo enarco una ceja porque creo que me está suplicando que lo ejecute. Pero entonces él habla.

- No voy a pedirte disculpas porque todo lo hice por una razón. No voy a mentir, disfruto y he disfrutado siempre causándote daño. Christopher es más parecido a ti que Melissa, por eso le obligué a matar. ¿Y sabes qué? Que le gustó. Le gustó tanto como a ti te gusta torturar. Porque a mí no me engañas, pero lo adoras. Te lo niegas a ti misma porque sabes que Richard te dejaría si supiera lo mucho que te gusta causar daño a todo aquél que sea ajeno. Quería matar a Robyn porque esa mocosa no debía existir.

Ahora la ballesta está más cerca de su frente que de mi cuerpo. Lo estoy haciendo de forma consciente, igual que sé que él me dice todo esto para forzar su asesinato. Y lo peor es que todo lo que dice es cierto, y que lo acepto, porque es así como le he conocido durante toda mi vida.

- Quería secuestrar a tu amiga rubia, la brujita. Es atractiva y tenía grandes planes para ella. Pero no pudo ser, porque nunca la dejabas sola. Quería haber matado a Richard de forma lenta y dolorosa, pero pensé que la mejor forma de hacerte daño sería si le borráramos la memoria y no te recordara. Planeé que juguetearan contigo en el infierno hace años, pero resultó ser que habían ciertos compañeros a los que les gustabas en exceso, y de forma indirecta terminé participando en todas aquellas violaciones. Las disfruté, la verdad. No es que te viera porque sería algo asqueroso, PERO… digamos que sentir todo lo que tu sentías fue interesante.

Disfruté haciendo todo lo que te hice de pequeña y ahora, siempre lo haré. Incluso aunque me mates para siempre.

 Decido que esto sería lo último que Liol dirá en su miserable vida. Apunto justo en el centro de su enorme y cuadrada cabeza, y entonces aprieto el gatillo de mi ballesta. Uno. Dos. Tres. Cuatro. Cinco.

Cinco son las flechas que he disparado. Una en la cabeza, otra en el cuello, otra en su torso, otra en su entrepierna, y otra en su corazón. Observo su cadáver durante unos diez minutos y metido lo mucho qué me ha dolito esto. No lo esperaba, pero aquí está el sentimiento de culpa. No es algo que deba sorprenderme porque suelo sentirme culpable a menudo, pero matar a Liol siempre había sido una meta y ahora que la he cumplido, me siento vacía. Vacía porque, en parte y al matarlo, me he convertido en él durante unas horas. Vacía porque sé que jamás quiso ser mi padre, que no me amó y que yo sólo fui una herramienta importante que pudiera utilizar para sus malévolos planes. Me siento vacía y triste porque mamá amó a este hombre hace mucho. Me siento vacía porque todo lo que he sufrido por culpa de este ser no tiene nombre.

Vuelvo a secarme las dos lágrimas tímidas que recorren mis mejillas porque me niego a llorarle. Luego me giro y me acerco hasta el mueble donde he depositado todas las armas y herramientas, ahora ensangrentadas, en el estuche de piel. Lo pliego sin miramiento, ya que tengo prisa por salir de este lugar y olvidar estos tres días de finales de Noviembre.

Me encargo de meter todas mis cosas en la mochila. Batallo un poco con ellas porque, de forma ya habitual, meter algo en una bolsa cuando ha sido utilizado cuesta siempre más. Es como cuando enrollas bien unos auriculares y acaban con nudos por todos lados dentro de tus bolsillos. Es un rito por el que todos hemos de pasar.

Cierro la mochila, me cuelgo la ballesta en un hombro y me ocupo de encender una cerilla utilizando la fricción del mueble que tanto ha sostenido por mí esta noche. Rápidamente aparece una tímida llama que se extiende de forma peligrosa hacia mis dedos. Le hecho un último vistazo al cadáver de mi padre y le lanzo la cerilla porque sé que es irónico que él haya vivido tanto en el Infierno y que su vida termine por mí quemándole a él. 

Las llamas prenden rápidamente el cadáver, pero se extienden de igual forma hacia las cortinas y todo mueble y sofá de madera que hay en esta cabaña. Mientras observo cómo el fuego destroza el cuerpo de Liol doy pasitos hacia atrás, guiándome hasta la puerta. Una vez que estoy fuera veo cómo ya las llamas comienzan a esparcirse y salen por todos los lados de la cabaña. Me alejo por mi propia seguridad mientras durante varios minutos observo el fuego. No necesito quedarme hasta el final, pero lo hago de igual forma.

Cuando sé que el fuego ya ha cumplido su parte, miro hacia arriba y veo cómo el sol está ya en su máximo esplendor.  Son las ocho de la mañana. Sonrío porque el sol me hace sentirme no tan vacía, pero sí cálida. Sonrío porque sé que con el día de hoy empiezo un nuevo capítulo de mi vida.

Y por primera vez en mucho tiempo, me siento en paz conmigo misma.

chapter: Sins of The Fathers. P2.
Han pasado ya más de cuarenta minutos desde la hora que Liol había acordado y no he visto a nadie. El frío, el viento y la lluvia me han calado hasta los huesos y noto cómo los dedos de mis pies, a pesar de llevar dos calcetines de invierno y unas botas de montaña, se están helando. He hecho tres barridos a la zona pero tampoco he visto nadie. ¿Me ha dado calabazas mi propio “padre”? Niego con la cabeza y sonrío de forma sarcástica porque, hasta hace muy poco, no le había llamado así. Puede que me esté ablandando.
Escucho el crujir de unas hojas a mis seis, así que me doy la vuelta rápidamente empuñando mi ballesta. Hecho un brazo hacia atrás para coger una flecha del carcaj y la coloco en el lugar correspondiente de mi arma. Estoy a punto de disparar cuando veo una figura negra, alta y fuerte a unos treinta metros de mí. Espero por si alguien más le acompaña pero las alarmas del perímetro no han sonado, así que nadie más viene ni por aire, ni por tierra. Comienzo a andar en dirección a la figura. Primero apoyo un pie y luego otro, con las rodillas dobladas por si debo agacharme o lanzarme al suelo en caso de estar en peligro. La figura no se mueve con lo que intuyo que o bien está esperando que ataque yo, o que está herido.
Me he acercado lo suficiente a la figura como para asegurar que se trata de mi padre, Liol. Está de pie y parece cansado. Su traje de corbata y chaqueta tiene varias manchas de sangre seca; su barba larga y gris ha desaparecido y ahora es calvo, las bolsas de sus ojos me indican de que hace mucho que no descansa, “¿pero para qué? Es un pilar y esos bastardos no descansan nunca”, me digo. Me detengo y mantengo una posición de ataque, todavía apuntándole con mi ballesta. Él no hace amago alguno de moverse, pero sonríe.
- Nicole, dice.
Por vez primera en un par o tres de años, Liol me ha llamado por mi nombre. Sé que quiere provocar pero no voy a dejar que me engañe. Asiento con la cabeza para darle confirmación de que le escucho, pero que no quiero saber nada de él.
- Llegas tarde, le digo. Porque sí. Porque llega tarde y porque no lo aguanto. Mi tono de voz está lejos de ser amenazante, y sé que es porque la emoción y la adrenalina ya corren por mis venas. Me noto realmente activa; parezco más rápida. Más de todo, en realidad.
Detengo mis pensamientos cuando Liol da un paso adelante. Instintivamente disparo con mi ballesta y le alcanzo el muslo superior derecho de una pierna. Él grita y maldice, pero yo desconecto la audición y lo miro. Lo miro con disfrute pero también con cierta perplejidad, ya que con anterioridad, herirle había sido toda una Odisea.
- ¡¿Te has vuelto loca?!, exclama.
- Viene de familia, creo.
Él gruñe nuevamente e intenta levantarse, pero no puede. Extiende una mano en mi dirección y por acto reflejo, le vuelto a disparar una flecha. Esta vez alcanzándole en la palma de la mano que había extendido. Vuelve a gritar y vuelve a maldecir, pero para mí, su voz y sus gritos no son más que ecos del pasado que continúan repitiéndose cada vez que cruzamos nuestros caminos. Entonces le miro, todavía debatiendo conmigo misma. Todo esto está yendo demasiado rápido y está siendo demasiado fácil. Puede que no me equivoque cuando digo que Liol parece estar… débil. Es algo muy raro. Es entonces cuando me agacho mientras le miro y él continúa hablándome, pero a estas alturas, “el censor de la voz de Liol McAllister” está funcionando a toda mecha. Sonrío porque, en el fondo, sé que siempre le ha tenido que molestar que tanto Claire como yo lleváramos el apellido de mamá primero. Y que, en consecuencia, después de que muriera Claire en 2003, yo cambiara  el Williams por el McLaughlin que mi madre ha adoptado desde que nació mi hermano Finneus en 2006. Eventualmente,  mantuve el “Williams” por no confundir más a todos aquellos que me conocían. Llegó un momento en el que tenía tantos apellidos como nombres tienen los protagonistas de una telenovela mexicana.
Ya me he agachado hace un par de minutos, así que cojo la manguera con mi mano derecha mientras con la izquierda sigo cogiendo la ballesta. Estilo el dedo pulgar unos centímetros más debajo de la cabecilla de la manguera y doy paso al agua. Cuando he llegado esta tarde, he mezclado agua bendita con la poca que ya había en la bomba de agua. Espero a que la presión sea suficiente y cuando lo es, alzo la manguera y dirijo el chorro de agua hacia la figura de Liol. Éste alza los brazos, como dándose por vencido. Admito que ésta sea, posiblemente, la peor táctica que he hecho en mucho tiempo (supera incluso a aquella vez en la que maté a un demonio con la punta de un paraguas), pero debería haber funcionado. Confundida, me acerco todavía más a su posición hasta que me quedo apenas a una distancia de tres pies míos, lo que es una distancia bastante corta. “Es lo que tiene ser menudita”, me digo.
- No soy un demonio. Ni un Guardián.
Now, now. Esta revelación no la esperaba en absoluto. Por eso, cuando Liol abre la boca para seguir explicándome por qué no está lleno de ampollas en su piel, dirijo el chorro de agua a su boca para que se calle. Mi rostro es impasible.
Noto cómo la presión del agua mengua de forma considerable, por lo que dejo caer sin miramiento alguno la manguera, lo que hace que en pocos segundos todos mi alrededor termine siendo un barro espeso y que yo maldiga y me queje por no haber pensado en las consecuencias mucho antes. Pero entonces, me digo que no estoy aquí para batallar conmigo misma sobre cómo voy a quitarle el barro a estas botas, con lo que, sin pensarlo demasiado, le sonrío a Liol y le atizo en la cabeza con el mango de mi ballesta. Observo cómo sus pupilas se dilatan y cómo cae lentamente en el barrizal. Luego miro a mi alrededor porque no las tengo todas conmigo sobre lo de estar sola. Suspiro de alivio porque sé, que una vez que entre en la cabaña que he elegí hace un par de días, nadie ni nada más podrá entrar para impedir que termine con la vida del hombre que, en parte, me dio la vida.
                                                 ***
Creo que he subestimado mi propia fuerza porque he conseguido arrastrar el pesado cuerpo de Liol dentro de la cabaña en menos de cinco minutos. Puede que sea la adrenalina que me hace convertirme en Hulk, y eso es algo que no me disgusta del todo.
Me he asegurado de atar bien a Liol en una vieja silla de madera que había en la cabaña. Igual que me he ocupado de reforzar varios puntos débiles que podría tener la casa, aunque, por una vez, creo que Liol dice la verdad… y que está solo. Así como ese pequeño asunto de no ser más un Guardián. Quiero decir, para alguien que gritaba a los cuatro vientos que era inmortal y que nadie podría quitarle jamás sus poderes, ni sus privilegios… Awkward.
Miro el reloj y veo que han pasado quince minutos desde que le he dejado K.O. Me giro a mi derecha y cojo una fría jarra con agua. Me coloco delante de Liol, alzo el brazo con el que he cogido la jarra, y dejo que el agua que hay en ésta caiga de forma abundante sobre su cabeza. Él despierta casi al momento. Y de nuevo, todo lo que sale de su boca vuelve a ser censurado por mi mente y mi audición. Ambas hacen un buen equipo.
- Bien, Bastardo Durmiente. –digo mientras dejo la jarra en la mesa de madera donde ha estado antes. Luego me giro y le miro, orgullosa de mí misma. Su lenguaje no verbal me advierte de que su cuerpo está tenso y que se muere por matarme (jejeje), pero que psíquicamente, está débil. Pues bien, nos centraremos en eso.- Hablemos de eso que dices sobre lo de no ser ya ni un Pilar, ni un demonio.
- Es como estar en la consulta de un psicólogo. Si hubiera estado en uno, claro.
Y ahí está. La arrogancia de Liol McAllister en estado puro. Frunzo el ceño porque, tal vez, y lo digo como una posibilidad, haya heredado esa arrogancia suya. Pero decido que no y me convenzo de que mi arrogancia es mucho mejor, because of reasons.
Para mi sorpresa, él responde a mi pregunta y su respuesta me deja atónita.
- Harrison, Stephen y yo peleábamos por un ascenso. Resulta que Harrison y Stephen son ahora cercanos, así que me arrebataron mis poderes y mis privilegios para dejar de ser la competencia. -admite.
Sé que pierdo la oportunidad de preguntarle “por qué” y “cómo”, pero es que él ha comenzado a estirar su cuello como para ver lo que hay detrás de mí y eso me ha desconcentrado. Él se sorprende, sonríe y alza ambos pulgares, a pesar de estar maniatado. “Ya habrá tiempo para seguir con el interrigatorio”, me digo.
- Así que vas a torturarme. Slow clap. 
 Yo asiento y entonces disfruto de la ironía que hay en toda esta situación. Me aparto para que vea todo el arsenal que he traído, que no es poco.
- Lo más divertido e irónico de esto es que todas aquellas aberraciones que me enseñaste cuando tenía ocho años, van a terminar mordiéndote el trasero. Puede incluso que para cuando acabe, no tengas uno.
Ésta vez me sorprendo, porque su respuesta pasa a ser una larga y sonora carcajada. Le miro no comprendiendo lo que quiere decirme con eso, pero él niega con la cabeza.
- Muy valiente. –responde- Vas a torturar a un hombre indefenso al que has atado para que no pueda alzarte la mano. Es… muy valiente.
Ah no, eso sí que no. Me giro a mi estuche de piel donde he depositado todo el material y cojo un pequeño cuchillo para empezar. Luego me acerco a él y le hago un tajo en un antebrazo. Él grita pero para sorpresa de ambos, me veo quitándole las ataduras de los pies.
- Ahora puedes ponerte en pie y tratar de pegarme una patada. –le digo. Vuelvo a colocarme delante suyo y le miro desde una posición de poderío. Quiero que se sienta menos de lo que es; quiero que sea sumiso. De hecho, quiero obligarle a que se sienta así.- Pero no eres un hombre inocente. De hecho, jamás has sido solamente un hombre. Has sido un bastardo sin corazón que se ha aprovechado de la inocencia de sus hijas durante toda su vida. Me enseñaste a torturar cuando tenía cinco años porque, si no lo hacía, me obligabas a vivir en el infierno durante días. Me obligabas a bajar allí, a conocer a todos tus amigos para meterme miedo porque, si no os ayudaba, terminaríais matándome. Por eso engañaste a Claire y conseguiste llevártela contigo. Ella no era tan poderosa como yo, y tu querías forzarme a sufrir todas tus torturas y castigos porque sabías que haría cualquier cosa para tener a mi gemela de vuelta. ¿Y sabes qué, “papá”? –le digo, entonando la última palabra y mostrándole el desprecio y el resentimiento que todavía le tengo.- Que tu, Harrison, Stephen y todos los demás vais a pagar por todo lo que hicisteis. Tu pagarás hoy, puede que Harrison pague mañana o que lo haga Stephen, pero por ahora… voy a disfrutar de que alguien como tu, que se ha pasado su vida diciéndome cuán importante, poderoso y temible eras, esté sentado ante mí, maniatado a sabiendas de todo lo que voy a hacerte. Y debo advertir de que he mejorado la técnica, “papá”. –repito- Y por suerte para ti, vas a ser el primero en probarlo.
Sin pensarlo dos veces, le clavo el fino puñal en uno de sus costados. Lo debilitará pero no lo matará de forma inminente. Él exhala aire y echa la cabeza hacia atrás mientras se muerde el labio inferior. Su respiración es cada vez más rápida y casi puedo sentir su miedo. Bien.
- No tuviste el… valor de… matarme cuando eras el ser místico. Y no… no lo harás ahora que no eres más que una bruja cazadora. No eres fuerte. No eres suficiente.
Le miro, ésta vez sorprendida. Su afirmación no es más que algo que me he repetido yo durante años, pero se me ha hecho extraño el escucharlo de sus propios labios y voz. Noto cómo me tiemblan los labios, pero impido que él pueda verlo. No, no voy a ser débil. Y no, no voy a sentir pena por él.
- Ese es el punto importante. –confirmo- Siempre tuve miedo de perder el norte porque era realmente poderosa siendo el ser místico, ¿y sabes qué? Que aprendí de todo aquello. Ser fuerte es luchar. Es duro, y es doloroso, y es algo que hago todos los días. Es lo que tengo hacer, y como tengo que ser.

Mantengo mi mirada y la clavo en la suya. Él entonces hace una mueca de dolor que me confirma que mis habilidades están en pleno rendimiento. No puede llevarse la mano al pecho porque está maniatado, pero sí baja su mirada hacia mi mano, que se encuentra ahora en el interior de su torso. Sin pestañear y muy a mi pesar de estar tocando algo de consistencia gelatinosa, saco la mano sosteniendo su corazón negro y pútrido. Se lo enseño antes de que muera.
- Esto confirma mi teoría de que nunca tuviste uno. –murmuro.
Al segundo, veo cómo la vida desaparece de sus ojos. Como ahora su mirada está vacía, así como su ser lo ha estado durante cientos de años. Abro la mano, que todavía gotea con toda esa sangre roja y espesa, y dejo que su corazón caiga al suelo sin hacer demasiado ruido. Me acerco al cuerpo de Liol, le coloco ambas manos en su frente y a los pocos segundos comienzo a notar ese ardor; ese dolor en el pecho que ha sentido Liol. Porque así funciona mi poder de resurrección. Siento todo lo que la persona muerta ha sentido antes de morir. Noto cómo me cuesta respirar, pero sé que no corro peligro alguno. Su dolor y su muerte no tienen efecto en mí cuando los resucito.
Observo minuciosamente cómo sus ojos vuelven a tener vida, cómo su torso vuelve a cerrarse, cómo sus pulmones vuelven a funcionar, y cómo me mira. Ésta vez parece estar asustado.
- Lección número uno: tu hija es ahora más poderosa y está más cabreada que tu. – le digo. Entonces me giro y cojo una guadaña cuya hoja tiene forma de “C”. La cojo con ambas manos mientras se la enseño.- ¿La recuerdas? La utilizaste para torturar a mamá durante seis eternidades. Pues bien, puede que haya aprendido un truco o dos…
Le clavo la guadaña en el abdomen, haciendo que al momento, chorros de sangre caliente salgan de un tajo bastante lago. Flexiono las piernas, al igual que los codos, para sacar la guadaña de la herida. Pesa. Una vez que está fuera, la alzo por encima de mis hombros, calculo la fuerza, y ésta vuelve a hacer el mismo recorrido que minutos antes. Se la vuelto a clavar en la herida, haciéndola ahora más grande.
Odio hacer esto. Prometí hace mucho que no dedicaría un minuto más a la tortura, pero nadie sabe (ni Richard), realmente, la totalidad de todo lo que Liol nos hizo a Claire, a mamá y a mí. Puede que pierda la cabeza después de esto, o puede que no, pero es matarle o esperar a que nos maten. Y no voy a darle otra oportunidad de acercarse a mi familia.

chapter: Sins of The Fathers. P2.

Han pasado ya más de cuarenta minutos desde la hora que Liol había acordado y no he visto a nadie. El frío, el viento y la lluvia me han calado hasta los huesos y noto cómo los dedos de mis pies, a pesar de llevar dos calcetines de invierno y unas botas de montaña, se están helando. He hecho tres barridos a la zona pero tampoco he visto nadie. ¿Me ha dado calabazas mi propio “padre”? Niego con la cabeza y sonrío de forma sarcástica porque, hasta hace muy poco, no le había llamado así. Puede que me esté ablandando.

Escucho el crujir de unas hojas a mis seis, así que me doy la vuelta rápidamente empuñando mi ballesta. Hecho un brazo hacia atrás para coger una flecha del carcaj y la coloco en el lugar correspondiente de mi arma. Estoy a punto de disparar cuando veo una figura negra, alta y fuerte a unos treinta metros de mí. Espero por si alguien más le acompaña pero las alarmas del perímetro no han sonado, así que nadie más viene ni por aire, ni por tierra. Comienzo a andar en dirección a la figura. Primero apoyo un pie y luego otro, con las rodillas dobladas por si debo agacharme o lanzarme al suelo en caso de estar en peligro. La figura no se mueve con lo que intuyo que o bien está esperando que ataque yo, o que está herido.

Me he acercado lo suficiente a la figura como para asegurar que se trata de mi padre, Liol. Está de pie y parece cansado. Su traje de corbata y chaqueta tiene varias manchas de sangre seca; su barba larga y gris ha desaparecido y ahora es calvo, las bolsas de sus ojos me indican de que hace mucho que no descansa, “¿pero para qué? Es un pilar y esos bastardos no descansan nunca”, me digo. Me detengo y mantengo una posición de ataque, todavía apuntándole con mi ballesta. Él no hace amago alguno de moverse, pero sonríe.

- Nicole, dice.

Por vez primera en un par o tres de años, Liol me ha llamado por mi nombre. Sé que quiere provocar pero no voy a dejar que me engañe. Asiento con la cabeza para darle confirmación de que le escucho, pero que no quiero saber nada de él.

- Llegas tarde, le digo. Porque sí. Porque llega tarde y porque no lo aguanto. Mi tono de voz está lejos de ser amenazante, y sé que es porque la emoción y la adrenalina ya corren por mis venas. Me noto realmente activa; parezco más rápida. Más de todo, en realidad.

Detengo mis pensamientos cuando Liol da un paso adelante. Instintivamente disparo con mi ballesta y le alcanzo el muslo superior derecho de una pierna. Él grita y maldice, pero yo desconecto la audición y lo miro. Lo miro con disfrute pero también con cierta perplejidad, ya que con anterioridad, herirle había sido toda una Odisea.

- ¡¿Te has vuelto loca?!, exclama.

- Viene de familia, creo.

Él gruñe nuevamente e intenta levantarse, pero no puede. Extiende una mano en mi dirección y por acto reflejo, le vuelto a disparar una flecha. Esta vez alcanzándole en la palma de la mano que había extendido. Vuelve a gritar y vuelve a maldecir, pero para mí, su voz y sus gritos no son más que ecos del pasado que continúan repitiéndose cada vez que cruzamos nuestros caminos. Entonces le miro, todavía debatiendo conmigo misma. Todo esto está yendo demasiado rápido y está siendo demasiado fácil. Puede que no me equivoque cuando digo que Liol parece estar… débil. Es algo muy raro. Es entonces cuando me agacho mientras le miro y él continúa hablándome, pero a estas alturas, “el censor de la voz de Liol McAllister” está funcionando a toda mecha. Sonrío porque, en el fondo, sé que siempre le ha tenido que molestar que tanto Claire como yo lleváramos el apellido de mamá primero. Y que, en consecuencia, después de que muriera Claire en 2003, yo cambiara  el Williams por el McLaughlin que mi madre ha adoptado desde que nació mi hermano Finneus en 2006. Eventualmente,  mantuve el “Williams” por no confundir más a todos aquellos que me conocían. Llegó un momento en el que tenía tantos apellidos como nombres tienen los protagonistas de una telenovela mexicana.

Ya me he agachado hace un par de minutos, así que cojo la manguera con mi mano derecha mientras con la izquierda sigo cogiendo la ballesta. Estilo el dedo pulgar unos centímetros más debajo de la cabecilla de la manguera y doy paso al agua. Cuando he llegado esta tarde, he mezclado agua bendita con la poca que ya había en la bomba de agua. Espero a que la presión sea suficiente y cuando lo es, alzo la manguera y dirijo el chorro de agua hacia la figura de Liol. Éste alza los brazos, como dándose por vencido. Admito que ésta sea, posiblemente, la peor táctica que he hecho en mucho tiempo (supera incluso a aquella vez en la que maté a un demonio con la punta de un paraguas), pero debería haber funcionado. Confundida, me acerco todavía más a su posición hasta que me quedo apenas a una distancia de tres pies míos, lo que es una distancia bastante corta. “Es lo que tiene ser menudita”, me digo.

- No soy un demonio. Ni un Guardián.

Now, now. Esta revelación no la esperaba en absoluto. Por eso, cuando Liol abre la boca para seguir explicándome por qué no está lleno de ampollas en su piel, dirijo el chorro de agua a su boca para que se calle. Mi rostro es impasible.

Noto cómo la presión del agua mengua de forma considerable, por lo que dejo caer sin miramiento alguno la manguera, lo que hace que en pocos segundos todos mi alrededor termine siendo un barro espeso y que yo maldiga y me queje por no haber pensado en las consecuencias mucho antes. Pero entonces, me digo que no estoy aquí para batallar conmigo misma sobre cómo voy a quitarle el barro a estas botas, con lo que, sin pensarlo demasiado, le sonrío a Liol y le atizo en la cabeza con el mango de mi ballesta. Observo cómo sus pupilas se dilatan y cómo cae lentamente en el barrizal. Luego miro a mi alrededor porque no las tengo todas conmigo sobre lo de estar sola. Suspiro de alivio porque sé, que una vez que entre en la cabaña que he elegí hace un par de días, nadie ni nada más podrá entrar para impedir que termine con la vida del hombre que, en parte, me dio la vida.

                                                 ***

Creo que he subestimado mi propia fuerza porque he conseguido arrastrar el pesado cuerpo de Liol dentro de la cabaña en menos de cinco minutos. Puede que sea la adrenalina que me hace convertirme en Hulk, y eso es algo que no me disgusta del todo.

Me he asegurado de atar bien a Liol en una vieja silla de madera que había en la cabaña. Igual que me he ocupado de reforzar varios puntos débiles que podría tener la casa, aunque, por una vez, creo que Liol dice la verdad… y que está solo. Así como ese pequeño asunto de no ser más un Guardián. Quiero decir, para alguien que gritaba a los cuatro vientos que era inmortal y que nadie podría quitarle jamás sus poderes, ni sus privilegios… Awkward.

Miro el reloj y veo que han pasado quince minutos desde que le he dejado K.O. Me giro a mi derecha y cojo una fría jarra con agua. Me coloco delante de Liol, alzo el brazo con el que he cogido la jarra, y dejo que el agua que hay en ésta caiga de forma abundante sobre su cabeza. Él despierta casi al momento. Y de nuevo, todo lo que sale de su boca vuelve a ser censurado por mi mente y mi audición. Ambas hacen un buen equipo.

- Bien, Bastardo Durmiente. –digo mientras dejo la jarra en la mesa de madera donde ha estado antes. Luego me giro y le miro, orgullosa de mí misma. Su lenguaje no verbal me advierte de que su cuerpo está tenso y que se muere por matarme (jejeje), pero que psíquicamente, está débil. Pues bien, nos centraremos en eso.- Hablemos de eso que dices sobre lo de no ser ya ni un Pilar, ni un demonio.

- Es como estar en la consulta de un psicólogo. Si hubiera estado en uno, claro.

Y ahí está. La arrogancia de Liol McAllister en estado puro. Frunzo el ceño porque, tal vez, y lo digo como una posibilidad, haya heredado esa arrogancia suya. Pero decido que no y me convenzo de que mi arrogancia es mucho mejor, because of reasons.

Para mi sorpresa, él responde a mi pregunta y su respuesta me deja atónita.

- Harrison, Stephen y yo peleábamos por un ascenso. Resulta que Harrison y Stephen son ahora cercanos, así que me arrebataron mis poderes y mis privilegios para dejar de ser la competencia. -admite.

Sé que pierdo la oportunidad de preguntarle “por qué” y “cómo”, pero es que él ha comenzado a estirar su cuello como para ver lo que hay detrás de mí y eso me ha desconcentrado. Él se sorprende, sonríe y alza ambos pulgares, a pesar de estar maniatado. “Ya habrá tiempo para seguir con el interrigatorio”, me digo.

- Así que vas a torturarme. Slow clap.

 Yo asiento y entonces disfruto de la ironía que hay en toda esta situación. Me aparto para que vea todo el arsenal que he traído, que no es poco.

- Lo más divertido e irónico de esto es que todas aquellas aberraciones que me enseñaste cuando tenía ocho años, van a terminar mordiéndote el trasero. Puede incluso que para cuando acabe, no tengas uno.

Ésta vez me sorprendo, porque su respuesta pasa a ser una larga y sonora carcajada. Le miro no comprendiendo lo que quiere decirme con eso, pero él niega con la cabeza.

- Muy valiente. –responde- Vas a torturar a un hombre indefenso al que has atado para que no pueda alzarte la mano. Es… muy valiente.

Ah no, eso sí que no. Me giro a mi estuche de piel donde he depositado todo el material y cojo un pequeño cuchillo para empezar. Luego me acerco a él y le hago un tajo en un antebrazo. Él grita pero para sorpresa de ambos, me veo quitándole las ataduras de los pies.

- Ahora puedes ponerte en pie y tratar de pegarme una patada. –le digo. Vuelvo a colocarme delante suyo y le miro desde una posición de poderío. Quiero que se sienta menos de lo que es; quiero que sea sumiso. De hecho, quiero obligarle a que se sienta así.- Pero no eres un hombre inocente. De hecho, jamás has sido solamente un hombre. Has sido un bastardo sin corazón que se ha aprovechado de la inocencia de sus hijas durante toda su vida. Me enseñaste a torturar cuando tenía cinco años porque, si no lo hacía, me obligabas a vivir en el infierno durante días. Me obligabas a bajar allí, a conocer a todos tus amigos para meterme miedo porque, si no os ayudaba, terminaríais matándome. Por eso engañaste a Claire y conseguiste llevártela contigo. Ella no era tan poderosa como yo, y tu querías forzarme a sufrir todas tus torturas y castigos porque sabías que haría cualquier cosa para tener a mi gemela de vuelta. ¿Y sabes qué, “papá”? –le digo, entonando la última palabra y mostrándole el desprecio y el resentimiento que todavía le tengo.- Que tu, Harrison, Stephen y todos los demás vais a pagar por todo lo que hicisteis. Tu pagarás hoy, puede que Harrison pague mañana o que lo haga Stephen, pero por ahora… voy a disfrutar de que alguien como tu, que se ha pasado su vida diciéndome cuán importante, poderoso y temible eras, esté sentado ante mí, maniatado a sabiendas de todo lo que voy a hacerte. Y debo advertir de que he mejorado la técnica, “papá”. –repito- Y por suerte para ti, vas a ser el primero en probarlo.

Sin pensarlo dos veces, le clavo el fino puñal en uno de sus costados. Lo debilitará pero no lo matará de forma inminente. Él exhala aire y echa la cabeza hacia atrás mientras se muerde el labio inferior. Su respiración es cada vez más rápida y casi puedo sentir su miedo. Bien.

- No tuviste el… valor de… matarme cuando eras el ser místico. Y no… no lo harás ahora que no eres más que una bruja cazadora. No eres fuerte. No eres suficiente.

Le miro, ésta vez sorprendida. Su afirmación no es más que algo que me he repetido yo durante años, pero se me ha hecho extraño el escucharlo de sus propios labios y voz. Noto cómo me tiemblan los labios, pero impido que él pueda verlo. No, no voy a ser débil. Y no, no voy a sentir pena por él.

- Ese es el punto importante. –confirmo- Siempre tuve miedo de perder el norte porque era realmente poderosa siendo el ser místico, ¿y sabes qué? Que aprendí de todo aquello. Ser fuerte es luchar. Es duro, y es doloroso, y es algo que hago todos los días. Es lo que tengo hacer, y como tengo que ser.

Mantengo mi mirada y la clavo en la suya. Él entonces hace una mueca de dolor que me confirma que mis habilidades están en pleno rendimiento. No puede llevarse la mano al pecho porque está maniatado, pero sí baja su mirada hacia mi mano, que se encuentra ahora en el interior de su torso. Sin pestañear y muy a mi pesar de estar tocando algo de consistencia gelatinosa, saco la mano sosteniendo su corazón negro y pútrido. Se lo enseño antes de que muera.

- Esto confirma mi teoría de que nunca tuviste uno. –murmuro.

Al segundo, veo cómo la vida desaparece de sus ojos. Como ahora su mirada está vacía, así como su ser lo ha estado durante cientos de años. Abro la mano, que todavía gotea con toda esa sangre roja y espesa, y dejo que su corazón caiga al suelo sin hacer demasiado ruido. Me acerco al cuerpo de Liol, le coloco ambas manos en su frente y a los pocos segundos comienzo a notar ese ardor; ese dolor en el pecho que ha sentido Liol. Porque así funciona mi poder de resurrección. Siento todo lo que la persona muerta ha sentido antes de morir. Noto cómo me cuesta respirar, pero sé que no corro peligro alguno. Su dolor y su muerte no tienen efecto en mí cuando los resucito.

Observo minuciosamente cómo sus ojos vuelven a tener vida, cómo su torso vuelve a cerrarse, cómo sus pulmones vuelven a funcionar, y cómo me mira. Ésta vez parece estar asustado.

- Lección número uno: tu hija es ahora más poderosa y está más cabreada que tu. – le digo. Entonces me giro y cojo una guadaña cuya hoja tiene forma de “C”. La cojo con ambas manos mientras se la enseño.- ¿La recuerdas? La utilizaste para torturar a mamá durante seis eternidades. Pues bien, puede que haya aprendido un truco o dos…

Le clavo la guadaña en el abdomen, haciendo que al momento, chorros de sangre caliente salgan de un tajo bastante lago. Flexiono las piernas, al igual que los codos, para sacar la guadaña de la herida. Pesa. Una vez que está fuera, la alzo por encima de mis hombros, calculo la fuerza, y ésta vuelve a hacer el mismo recorrido que minutos antes. Se la vuelto a clavar en la herida, haciéndola ahora más grande.

Odio hacer esto. Prometí hace mucho que no dedicaría un minuto más a la tortura, pero nadie sabe (ni Richard), realmente, la totalidad de todo lo que Liol nos hizo a Claire, a mamá y a mí. Puede que pierda la cabeza después de esto, o puede que no, pero es matarle o esperar a que nos maten. Y no voy a darle otra oportunidad de acercarse a mi familia.

Sins of the Fathers. P1.

Vuelvo  a mirar la nota por décima vez ya que todavía no puedo creer el mensaje que hay escrito en ella. Dos gotas de sangre manchan la última frase del mensaje. Es entonces cuando me giro y observo el cadáver de Francis Doyle, el traidor de Fort Hood que se había infiltrado meses atrás para poder entregarme a mi padre, Liol. No me siento cómoda con el asesinato pero era algo que debía ocurrir. Matar a Liol había dejado de ser un deseo para pasar a ser una realidad.  Por fin, esta noche, daré carpetazo a mi pasado y podré olvidarme de su estúpida, inevitable y bastante problemática existencia.

Sé que no las tengo conmigo para quitarle la vida y que posiblemente acabe malherida, y hasta puede que muera, pero necesito hacer esto. Y necesito hacerlo sola. Arrugo la nota con la clara idea de hacerla añicos pero termino por doblarla y guardarla en mi bolsillo. Liol me ha citado en un par de horas y yo todavía me encuentro a pocos kilómetros de Fort Hood.
Cojo mi mochila, me la coloco bien en la espalda porque hace tanto que no llevo una mochila que me pone nerviosa. O tal vez sea el hecho de que he matado a una persona y estoy dispuesta a matar a otra en unas horas, pero quién sabe. Decido que la primera opción es la mejor y me escudo en ella. Luego miro al frente para ver la puesta de Sol que se extiende a mi izquierda, y luego miro el reloj. Son las cinco y veinte de la tarde y la temperatura actual es de 0ºC. Pienso en abrazarme a mí misma porque hace frío pero algo ha cambiado en mí. Hace tiempo que lo he notado pero no he querido pensar demasiado en ello. El frío me quema, y no es algo muy normal. He vivido bajo el mismo techo con mi familia durante dos semanas y les he podido engañar. No me siento orgullosa de eso, pero no quiero que sepan que Kane no ha sido jamás mi hermano; sino que era un pobre chico al que Liol había engañado, amenazado y matado hacía mucho. Sé que cuando vuelva tendré que explicárselo a Ricky, y sé que se enfadará. Y tendrá todo el derecho: ¿quién no se enfadaría cuando su esposa le ha engañado tantas veces? Casi ocho años después todavía no entiendo por qué o cómo Ricky me ha aguantado tanto. No es que no me alegre, porque le amo tanto que hasta me duele, pero no soy una buena persona. No tanto como lo es él.

Decido apartar a Richard y a mi familia en lo más profundo de mi mente y entonces me concentro en Liol. Él siempre ha sabido que mi familia es mi debilidad, pero lo que no sabe es que ahora ya no lo es. Son mi fortaleza.

Me abro camino por el frío bosque a medida que va anocheciendo. Debería encontrar una vieja casa a unos veinte kilómetros, y es ahí donde planeo terminar con todo. Traigo conmigo todo tipo de utensilios que pueden ayudarme a llevar a cabo mi plan, pero también debo ser inteligente y utilizar mi ingenio. Liol es un ex-pilar, y seguramente traerá consigo una buena escolta. Al igual que Harrison, Liol farda siempre de ser poderoso y de estar rodeado por gente que lo idolatra, y eso, eso precisamente… es su debilidad. Y yo ahora sé cómo quitármelos de encima.

Sonrío y niego con la cabeza porque, por vez primera, estoy segura de mí y de mis habilidades. 

8 months ago
957 notes

igifbetterfromadistance:

I’d sit this one out, Cap.
I don’t see how I can.
These guys come from legend. They’re basically gods.
There’s only one god, ma’am, and I’m pretty sure he doesn’t dress like that.

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8 months ago
38 notes

BLUE ARROW: What's a soulmate? »

cristinyc:

"It’s like a best friend but more. It’s the one person in the world who knows you better than anyone else. That someone who makes you a better person. No, actually they don’t makes you a better person, you do that by yourself because they inspire you. A soulmate is someone you carry with you…

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